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El CGAC (Centro Galego de Arte Contemporánea) presenta hasta el próximo 15 de julio una completa exposición del artista suizo Peter Wüthrich (Berna, 1962) que utiliza el libro como un todo, un universo plástico y expresivo. Instalaciones, vídeo o fotografías son los medios a través de los que este artista muestra los distintos niveles conceptuales del libro: como contenedor de ideas, como constructor, como pintura, y en definitiva, como espejo del hombre. Por un lado, Peter Wüthrich sirve al espectador-lector un juego de asociaciones basado en el color de las portadas con las con las que crea casi siempre superficies monócromas o bícromas, en la idea de disposiciones minimalistas ordenadas por un canon y que lleva a una desacralización del libro. Pero, por otro lado, el objeto se vuelve próximo, se aleja de la frialdad minimal y se vuelve cotidiano pues cada uno de ellos tiene matices diferentes en el color, la textura, el volumen... la procedencia, el contenido y el pasado (todas las manos y ojos que lo han poseído). Esta dualidad entre proximidad y distancia aparece en cada una de las propuestas de Peter Wüthrich.
Señala Umberto Eco que la de Don Quijote es una biblioteca de la que se sale porque la historia del caballero andante empieza cuando éste decide abandonar el lugar de sus fantasías librescas para aventurarse por la vida. De la biblioteca de Borges, sin embargo, no se sale porque la equipara al universo y, por tanto, no siente la necesidad de salir de ella. En la biblioteca de Peter Wüthrich no se puede penetrar, al menos, no físicamente porque los libros están cerrados, los lomos casi siempre ocultos y las portadas desnudas. Los signos, los millones de combinaciones de signos que nos aportan significados, descansan en la plácida inaccesibilidad sin poder despertar. Así que sólo queda como forma de penetración la de imaginar esta biblioteca a través de las características externas del objeto-libro. Para penetrar en los libros-individuos es necesario participar de la invitación que nos hace a observar desde lo externo, desde lo desnudo. Intuir lo aparente, el estado de ánimo -a lo que ayuda el color- y a partir de ahí, penetrar en la memoria, en los pequeños fragmentos que surgen de la mezcla de lo vivido, lo imaginado y lo leído (porque somos todo lo que hemos leído). El juego es complejo: la mirada, la memoria y la literatura. Aquí aparece también el concepto de libro-constructor. la esencia, las ideas que nos transforman interiormente conforman los módulos de la casa interior o los muros de cada individuo. Una invitación a la lectura interior en la que el libro es el medio y la metáfora. El espectador un lector novato de libros sin signos, constructor de su historia. |
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