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“The nomadic subject is a myth, that is to say a political fiction, that allows me to think through and move across established categories and levels of experience: blurring boundaries without burning bridges”. Viajar: metáfora de un tiempo inconcluso hacia un destino incierto. La historia de la humanidad puede ser el relato de infinitos viajes superpuestos, cruzados, y en círculos, de aquellos que estuvieron dispuestos a partir hacia otros lugares. Lugares, destinos, que nunca fueron iguales a sí mismos cuando fueron pensados, en los que nos perdimos o nos encontramos por breves instantes, y luego seguimos. La historia de la subjetividad contemporánea se ha realizado en ese trayecto. Partiendo cada vez que llegábamos. Y desde hace ya más de una década el arte contemporáneo ha asumido con fuerza la experimentación desde la ficción con la construcción / deconstrucción de la identidad, de la subjetividad, del género, y del sexo.
En esta exposición Helena Cabello y Ana Carceller nos proponen un recorrido –un acompañarlas en el viaje- por aquellos paisajes / destinos imaginados como lugares posibles para ser habitados desde el convencimiento de saberse pertenecer a la diferencia -a la identidad, al género, y al sexo no concebidos como límites en sí mismos. Tal vez el recorrido, sin forzar ningún guión, está trazado desde lo más lejano a lo más cercano. Viaje iniciático en busca del paraíso, del mito de la libertad. En la serie “Sin título (Utopía), Cabello y Carceller recrean en una serie de imágenes fotográficas el tema de las piscinas de David Hockney, trasladadas ahora a la era del SIDA. Presentan, trampolines, piscinas vacías –abandonadas-, con escaleras, poca agua, hojas secas, redes, ... silencio y luz del atardecer. Imágenes metáfora de riesgo y de salto en el vacío en busca de otras formas de vivir. Imágenes crepusculares que señalan al tiempo una ilusión ya concluida. Imprescindible la imagen de un balón solitario, inevitablemente adscrito a una determinación social genérica del juego, que también nos habla de fin de la inocencia, del paso más allá del despreocupado juego infantil.
Finalmente, el espacio privado, el lugar de la intimidad: la relación con el “otro”, la pareja. En “Paisaje”- dos tumbonas de playa frente al horizonte-, dos contemplando el mundo: un abismo infinito de relaciones, amor, y contradicciones experimentado la misma existencia. “Autorretrato como fin de fiesta” –dos fotografías en cada una de ellas un torso con el pelo cubriéndole la cara y la misma camiseta-, indistinción, iguales pero diferentes. Y en “Vértigo”, una imagen en movimiento de dos figuras en lucha apasionada alrededor de algo, de nuevo una imagen confusa, violenta, figuras que buscan el encuentro y la separación. La producción que esta exposición presenta señala un camino audaz, cargado de una fuerte connotación política y ética. Una trayectoria artística que se relaciona con los discursos más actuales y abiertos en el panorama artístico internacional respecto a las posibilidades de construcción de la subjetividad y del género. Helena Cabello y Ana Carceller han defendido en algunas ocasiones la androginia. Una problemática que tal vez se pueda enmarcar en el horizonte conceptual de lo transgenérico. El género se define como una construcción social y política, independiente de las mismas categorías de cuerpo y biología. Y el reto está en atreverse a traspasar ese universo de valores tanto de la intimidad como de lo público asignados a la diferencia sexual. La androginia que imaginan parece construir su posibilidad como una producción de género absolutamente diseminada: dibujando un mapa de coaliciones abiertas y ensamblajes de toda índole que impidan cualquier definición cerrada, cualquier distribución estable de la diferencia. El horizonte de lo transgenérico no se puede nunca definir como anulación de las diferencias postulando un estado entrópico de androginia. No hay un "lenguaje común" en la diferencia. Por ello, la estrategia intertextual que proponen favorece las disonancias internas, multiplica las perspectivas, deconstruye los discursos, afirma las mezclas. La seriedad y eficacia del trabajo presentado por Helena Cabello y Ana Carceller nos habla sin duda de transformación. Una transformación sin estridencias en la compresión de nuestra existencia. Utopías sociales y utopías personales como destinos imposibles que sólo se reivindican a sí mismas en esa performatividad inconclusa de un viaje itinerante hacia alguna parte |
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