|
||||
Colocar es una actividad típicamente humana, y convierte el entorno de un caos en un cosmos particular. El aparente desorden de elementos siguen un orden propio relativo a circunstancias múltiples, relacionadas con el formato, el tamaño de los objetos, su comodidad de uso, incluso relacionados con la casualidad. Elisa Sighicelli re-coloca dentro del cuadro fotográfico el mobiliario hallado en pisos de estudiantes de Santiago. Un panorama similar al de los pisos de alquiler de culquier ciudad universitaria, estancias en suspensión, a la espera de ser habitados. La promesa de vacío acumula la vida sobre una pared. Siempre se ha dicho que pintar con luz es recrear la forma y materia del objeto, su posición en el espacio, el juego del claroscuro y la sucesión de tonos en la superfície del lienzo, una reproducción lo más real del mundo visible. Elisa coloca sus imágenes sobre cajas de luz, pero la luz sólo es emitida desde su fuente virtual: desde la imagen de una ventana, la imagen de un brillo, de un reflejo, etc. Cajas que emanan luz iluminando la imagen superpuesta, un trampantojo para acercarnos a la fisicidad de la imagen. Mobiliario alquilado, "espacios en estado de espera", un contexto de actuación en el que, a través de su interacción con el entorno, el individuo interioriza los elementos que lo componen. Cada fotografía contiene una historia potencial, iluminada, suspendida, la transición de la realidad interior en exterior y viceversa. Este sentimiento doméstico posibilita explicar el mundo desde la experiencia personal, desde lo inmediato y accesible sin imposibles piruetas tecnológicas que distorsionan la imagen y la vacían de contenido. Recuerdo, cotidaneidad, recorrido y participación visual del espectador crea una gran pausa, mirando hacia su luz. En estas fotografías sobre cajas de luz el objeto permanece inmutable, sin embargo el espacio se hace más transparente. Elisa consigue ese espejismo que más allá del logro técnico supone un estadio superior de visión.
adenda: El ritual de lo habitual Todas las mañanas al despertarme realizo los mismos movimientos. Todas las mañanas al preparme el café utilizo los mismos cacharros. Todas las mañanas haces los mismos movimientos y cojes los mismos cacharros pero cada dia es completamente diferente. Unos dias la leche se queda fria, se te cae, te hechas demasiada y se rebasa, o poco azucar, Y un dia no duermes en casa. La rutina está rota. En el espacio vacio de la cocina se intuye la ausencia, la ausencia de movimiento, de los pucheros, de la leche, del azucar, del fuego, la ausencia del actor. Se añora lo cotidiano. Lo cotidiano se hace pasado.
|
||||
|
Todos los derechos reservados © artszin
y los autores, 2000, 2001, 2002
|