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Enfrentarse con el entramado que la reflexión feminista ha dejado en las prácticas artísticas y críticas en estas últimas tres décadas es una ardua y compleja tarea que sorprendería por su vitalidad y riqueza. Desde hace sólo algunas décadas el trabajo teórico-crítico y práctico-creativo realizado por mujeres ha ido alcanzando un reconocimiento y una presencia en el mundo del arte hasta entonces desconocido. Desde los debates surgidos en la década de los setenta, y fundamentalmente durante los años 80, las obras de artistas mujeres han estado presentes en todas las investigaciones por las que se ha ido encaminando el arte contemporáneo. Y han participado en la revolución de los lenguajes artísticos más tradicionales - especialmente aquellas que han abierto nuevos caminos de investigación y de búsqueda personal en los años 90. Ante el posible e infinito despliegue de opciones críticas, Helena Cabello y Ana Carceller han optado por una inteligente estrategia: ofrecernos desde su punto de vista lo que constituye el lugar mismo de la contaminación. Un paisaje imaginario -una zona abierta- sin limitaciones geográficas, formales o de género, en el que la experiencia y la posibilidad de lo que es y puede ser, surge de la colisión de los horizontes mirados por las/los artistas invitadas a participar. Eija-Liisa Ahtila, Nicole Eisenman, Alicia Framis, Jim Hodges, Jac Leirner, Sarah Lucas, Yasumasa Morimura, Marina Nuñez y Jane & Louise Wilson son las artistas actuales propuestas para construir este imaginario. Podemos así asistir a las siguientes experiencias: a la narración cinematográfica de la fragilidad de las relaciones humanas, básicamente las relaciones familiares y las relaciones heterosexuales, de Eija-Liisa Ahtila; a las pinturas salvajes y desprejuiciadas de Nicole Eisenman que se apropia de los significantes sexuales más misóginos para ejercerlos como suyos desde la libertad de su sexo y su deseo; a las imágenes fotográficas de Alicia Framis huellas/testimonio de sus performances experimentadas en el tránsito de lo privado a lo público; las sutiles telas de araña de Jim Hodges tejidas "como siempre" en el supuestamente "relegado" universo femenino, en el tiempo de la memoria y la narración de la dolorosa experiencia vivida, que parece sin embargo, siempre renacer de nuevo; al objeto minimalista recolectado, manipulado, testimonio del itinerario que inscribe lo personal y el arte en lo social de Jac Leirner; a los obscenos y vulgares objetos-esculturas que ironizan y pervierten el sentido de la asociación machista de Sarah Lucas; a las fotografías apropiacionistas del género (en este caso el supuestamente femenino) cuyos personajes se instalan en la mascarada de Yasumasa Morimura; a las imágenes cyborgs, sujetos en construcción de una identidad indeterminada de Marina Nuñez; a las inquietantes proyecciones donde las protagonistas se ven envueltas en historias inconclusas de fantasía, poder y deseo de las hermanas Wilson. En todos ellas/ellos una apuesta en la investigación hacia los nuevos lenguajes -vídeo, pintura, foto, performance, escultura-; y además en todos ellas/ellos una puesta en cuestión de temas y experiencias enfocados desde otro lugar del deseo -relaciones amorosas, sexo, soledad, SIDA, mascarada, la ficcionalidad del sujeto cyborg, la violencia hacia y de las mujeres. Treinta años de debates han generado a pesar de las resistencias y de las siempre limitadas ortodoxias una zona de reflexión expandida. Preguntas -como ¿qué es una mujer? o ¿cuál es la política correcta respecto al feminismo o a cuál feminismo?, formuladas en un marco conceptual menos poroso-, se han abierto hacia un territorio más amplio en el que lo que se debate son cuestiones como la subjetividad, el género o la sexualidad del "postsujeto" contemporáneo. En este nuevo territorio sin fronteras y sin límites la aventura está ahora en definir/interpretar las herramientas para diagnosticar este nuevo milenio recién estrenado. Los sujetos, como proponen Carceller y Cabello, serán imprevistos. Todas las/los artistas seleccionadas hacen gala de esta lucha por expresar con mayor libertad sus propias inquietudes y deseos. Sobre las polémicas de esta última década feminismo/postfeminismo, la pornografía, la reivindicación de una identidad fija o la aceptación de una identidad múltiple y ficciónal, la sexualidad, el SIDA, lo transgenérico, la influencia del cyberfeminismo, las artistas contemporáneas ejercen con mayor o menor ironía o con una mayor o menor capacidad de superar los prejuicios, una práctica artística absolutamente comprometida a liberarse de los roles establecidos -incluso de aquellos que forman parte de su tradición. Y de esta forma esta infiltración libre y heterodoxa es quizás la subversión más radical a la que nos enfrentamos.
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