María Zárraga, Mirar y contar otras historias
Ana Mártinez-Collado
Galería Salvador Díaz
Abril - Mayo 2000

¿Qué sucedería si nos atreviéramos a subvertir el paradigma tradicional del voyeurismo? Desde el punto de vista psicoanalítico el voyeurismo define una experiencia de placer a partir del mirar mismo. Un placer asociado más bien a una experiencia negativa -la contemplación desde una protectora lejanía del objeto que representa el mayor terror. Pero, además, una mirada otorgada al individuo, al sujeto, (a la posición masculina) sobre el otro.

La obra de María Zarraga se atreve a situarse en el otro lado de la mirada, a mirar y a contar otras historias. La serie de obras que presenta ahora en la Galería Salvador Díaz tienen el valor de mostrar ese otro espacio posible contemplado con sinceridad, y sin embargo, deslumbrante en sus posibilidades.

Desde una conciencia absolutamente contemporánea de las formas por las que los individuos del nuevo siglo experimentamos la certeza de la (no) subjetividad, la experiencia de fragmentación, e incluso del movimiento, María Zárraga nos lleva a un nuevo territorio donde se produce una desterritorialización de la mirada clásica a través de la seducción que desencadena la narración de "otras historias" que van más allá de los roles asignados a nuestra relación con el espacio, y con el "otro" -el misterio de la relación entre lo masculino y lo femenino-.

Estas "otras historias" crean una especie de teatro íntimo. Una representación que tal vez tiene su punto de partida en un discurso autobiográfico para trascenderlo y llegar a constituirse en una ficción cinematográfica. En estas secuencias detenidas -bellas y desasosegantes, al tiempo-, surge el relato de otras formas de experiencia enfrentadas al discurso de la verdad absoluta e indiscutible. El significante vaga inagotable, abierto a la infinitud de interpretaciones.

"Sobre fondo rosa", "Indecisos sobre fondo rosa", "Negro desbordado con figura al fondo", "Pura sensación roja",… historias detenidas en un instante. Intimidad como narración en un espacio doméstico ajeno a su realidad habitual y a los códigos establecidos. Procedimientos cinematográficos que a través de la fotografía consiguen atrapar esa imagen en movimiento. Y que a través de la psicología de los colores -rosa, negro, rojo-, nos introduce en el universo personal de los estados de ánimo, de los deseos, de los desasosiegos, de las propias obsesiones. En último término, historias concebidas  como expresiones de la diferencia (differance), que destacan el movimiento mismo del diferir, irreductible a cualquier nominación.

Narratividad constituida en relato de experiencia que, como en un bucle, vuelve al origen mismo de la no subjetividad, para transformase en un discurso sobre la ficción del sujeto y la ficción de la misma identidad.

Narración infinita como metáfora que expone y que hace hincapié en otro modo de entender el mundo, el lenguaje, el sujeto, la diferencia. Imágenes que iluminan un programa que no pretende consolidar certezas, sino que se esfuerza en cuestionarlo todo, en mantener abiertas las preguntas.

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