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La obra de María Zarraga se atreve a situarse en el otro lado de la mirada, a mirar y a contar otras historias. La serie de obras que presenta ahora en la Galería Salvador Díaz tienen el valor de mostrar ese otro espacio posible contemplado con sinceridad, y sin embargo, deslumbrante en sus posibilidades. Desde una conciencia absolutamente contemporánea de las formas por las que los individuos del nuevo siglo experimentamos la certeza de la (no) subjetividad, la experiencia de fragmentación, e incluso del movimiento, María Zárraga nos lleva a un nuevo territorio donde se produce una desterritorialización de la mirada clásica a través de la seducción que desencadena la narración de "otras historias" que van más allá de los roles asignados a nuestra relación con el espacio, y con el "otro" -el misterio de la relación entre lo masculino y lo femenino-. Estas "otras historias" crean una especie de teatro íntimo. Una representación que tal vez tiene su punto de partida en un discurso autobiográfico para trascenderlo y llegar a constituirse en una ficción cinematográfica. En estas secuencias detenidas -bellas y desasosegantes, al tiempo-, surge el relato de otras formas de experiencia enfrentadas al discurso de la verdad absoluta e indiscutible. El significante vaga inagotable, abierto a la infinitud de interpretaciones.
Narratividad constituida en relato de experiencia que, como en un bucle, vuelve al origen mismo de la no subjetividad, para transformase en un discurso sobre la ficción del sujeto y la ficción de la misma identidad. Narración infinita como metáfora que expone y que hace hincapié en otro modo de entender el mundo, el lenguaje, el sujeto, la diferencia. Imágenes que iluminan un programa que no pretende consolidar certezas, sino que se esfuerza en cuestionarlo todo, en mantener abiertas las preguntas. |
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y los autores, 2000, 2001, 2002
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