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Seguramente
sería difícil encontrar un representante más conspicuo del nuevo "arte
de actividad" que Rikrit Tiravanija. Su portentosa capacidad para
convertir en evento cualquiera de sus proyectos hace de él el más
notable de los artistas que hoy por hoy trabajan en el desmantelamiento
de la "forma exposición" para transformarla en otra cosa (acontecimiento,
sobre todo). En las que Tiravanija hace no importa lo que hay -los objetos,
las formas, las actuaciones, …-, sino únicamente lo que ocurre.
Lo que él logra es que se desarrollen situaciones, acontecimientos
en los cuales algo, lo que quiera que sea, tiene lugar, sucede. En cierta
forma, supone la realización de la ruptura de la frontera entre el arte
y la vida, pero dándose de un modo inesperado, no como lo preveían las
vanguardias, digamos. Quiero decir que no se trata de "producir situaciones",
a la manera en que lo pensaban los situacionistas, ni tampoco de un sacar
el arte a la calle (si acaso es lo contrario). Sea como sea, lo cierto
es que Rikrit Tiravanija consigue que absolutamente todo lo que ocurre
allí donde él aparece tenga que ver, por encima de todo, con lo real,
con lo vivo.
Quiero
decir, por ejemplo, que la cena que da es real y simplemente una cena
(no es una performance, no tiene nada que ver con eso), o que la casa
que allí hay es total y enteramente una casa, y solo una casa. Creo que
toda la fuerza de la exposición -y el acierto de la galería que la ha
presentado- radica justamente en haber trabajado en crear esa situación
real, en producir meramente un marco, un contexto, para que ocurrieran,
como tal, cosas, eventos…
Acaso en cambio lo que no ha funcionado tan
perfectamente ha sido el proyecto de que la situación allí
creada desembocara en una "oficina de propuestas de arte
público para madrid". Aunque los trabajos presentados
por distintos curators han tenido todos un magnífico
nivel, y han sido cuando menos divertidos y originales siempre,
lo cierto es que la capacidad de convocatoria desplegada no
ha sido quizás la necesaria, y que ello le ha restado
al proyecto mayor apertura, mayor participación. Con todo,
la iniciativa debe ser saludada como feliz, y acaso lo que
sería importante es no dejarla en el olvido, sino -con o sin
presencia de Tiravanija, ya- impulsarla y convertirla en un
dispositivo que la propia comunidad ciudadana y artística
madrileña haga suyo. No fuera malo …
respuesta al artículo,
por the estate of JMGI
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