|
Otros artículos sobre ARCO2000:
* Arco2000: balance al cierre
* Walk around ARCO (today)
* Un tiempo (unas pocas líneas sobre Facing
Forward)
| ¿Quién no nos ha sorprendido? Por ejemplo
Muñoz, Juan Muñoz, con su hombre en trance
de desvanecimiento. Colocado frente a una puerta de garaje,
él mismo se contamina de la materia de su entorno,
como un terminator de segunda generación que se
hiciera líquido o informe, o un pez que, como el
surrealista, acabara disuelto en agua ... |
 |
 |
Tampoco Valldosera,y su instalación
expandida (y quizás excesivamente sofisticada y
pulida, demasiado apoyada en un instrumental high tech:
echamos de menos aquellas instalaciones en que lo rotores
eran tocadiscos y otros objetos precarios, abandonados,
de real entorno cotidiano) de las obsesiones propias del
trance maternal. Acaso en cambio nos compensa de esa falta
de sorpresa la hermosa serie de fotografías muy
"nû descendant ..." presentada, con mucha
mayor economía de recursos y quizás de ambiciones,
en el stand de Helga de Alvear. |
 |
Tampoco nos sorprende -pues culmina
una serie que hemos podido recientemente entrever en su
exposición en Juana de Aizpuru- el proyecto de
Dora García. Pero esa no sorpresa se traduce en
una experiencia inequívocamente placentera, al
poder percibir la cadencia -realmente de la materia del
sueño- de una coreografía de la que apenas
podíamos intuir los movimientos del proceso (este
baile en el que el cuerpo no cuenta otra cosa que su propia
agitación interior, entregado a la vivencia de
sí mismo) por el resultado ... (la caída,
las posiciones del cuerpo en sus reposos). Lo que el vídeo
nos aporta es, por tanto, irremplazable, y esta visión
añadida muy de agradecer. |
| Otra sorpresa feliz: magníficas perspectivas
sobre edificios industriales que por la inteligente mirada
de quien nos los muestra (Aitor Ortiz) cobran una vida
casi orgánica, creciendo casi biológicamente
en su amasijo de rectas y cementos. Unas fotografías
en blanco y negro que dan vida a estructuras minimales
que miradas con ojos entrecerrados bien podrían
pasar por los clásicos canjilones de Donald Judd
-esta vez sin aquella frialdad metálica, pero quizás
también con otra frialdad: la de lugares que van
a ser (probablemente) habitados alguna vez por el hombre,
siempre hasta ahora (o quizás desde hace tiempo)
en ellos ausente. |
 |
 |
Se dice que todo buen arquitecto ha
de hacer en su vida una silla y que en ella, tanto o más
que en la también obligada casa, tiene su prueba
de fuego. Juan Luis Moraza ha pasado la suya con el éxito
de una tremenda ironía, haciendo de la obra de
arte algo más que un mero objeto: una fuente -en
este caso camuflada- de indecible placer ... |
| Pedro Mora se enfrenta -y nos enfrenta- a nosotros mismos
con una instalación en la que el espectador se
convierte en el espectáculo, la representación
lo es de la que la observa y el juego de espejos nos abarca.
Quizás haya en la pieza algo de resabiada reescritura
de demasiadas referencias (desde los espejos de Richter
o Pistoletto a los entornos luminosos de Flavin o ...),
pero es indudable que la pieza funciona. Aunque para mi
gusto ese juego de espejos que ironiza sobre un narcisismo
desplazado, revisitando mitos insoslayables para pervertirlos
manieristamente, al modo de un Caravaggio contemporáneo,
cuaja mejor y más directamente en la inmediatez
de la fotografía pixelada del narciso femenino
(¿es ello posible, finalmente?) que se exhibe en
el exterior de la galería. |
 |
 |
Terminaré este recorrido español
por un par de secretos favoritos: unas excelentes fotografías
de cegueras (ciegos asistidos por ordenador, digamos)
de Juan Urrios, y varias magníficas piezas del
infalible Ignasi Aballí. El reflejo amarillento
que, a modo de sombra luminosa, poryecta en el suelo una
pieza suya en el Macba me parece realmente brillante,
en su humildad exquisita. Y una magnífica serie
de doce acuarelas desgastadas. |
| No pintadas a la acuarela (esto, en Aballí,
no nos sorprendería), sino quietamente fotografiadas.
Queda saber -y en ello seguramente se nos reserva la sorpresa-
dónde esas acuarelas han sido empleadas, gastadas.
Me propongo -y les propongo averigurarlo. Y allí
donde ella, la pintura, recomienza, yo -obligadamente-
termino. |

|
|