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En el linde del mar, escenario melancólico del inmigrante, Alexis Leyva (KCHO), un viajero que desea quedarse en tierra -su isla-, demuestra que aún es posible la travesía interior que caracterizara a los románticos en su contemplación sublime del paisaje marítimo. La playa o el acantilado son lugares de recogimiento introspectivo, de reflexión en soledad. Emplazamientos de la despedida propicios para guardar la memoria o ser devastados por el olvido. En una isla, este sentimiento nostálgico se acentúa fruto de la autosuficiencia con la que deben bregar sus habitantes debido a que la vida en una isla es una vida de reciclaje. Reparar lo que se estropea con lo poco que se tiene, afirma Estrella de Diego, es una necesidad diaria que obliga a aprovechar cualquier objeto, en ocasiones otorgándole una utilidad nueva. KCHO, que de no ser artista hubiera sido carpintero como su padre, ha realizado una arquitectura frágil sobre la que reposa el paso del tiempo, a partir de material encontrado en la costa de la ciudad en la que vive, La Habana. En en el conjunto de su obra este artista recupera diferentes deshechos rescatados del mar: madera desgastada por el roce del agua y del salitre, cámaras de camión, cuerdas y remos naúfragos de sus compatriotas exilados... El mar es un estercolero que nos devuelve lo que arrojamos. Pero sólo los insulares conocen el valor y saben sacarle partido a estos tesoros.
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