Luis Gordillo
Luis Francisco Pérez
MACBA, Barcelona
Del 16 Diciembre al 5 de marzo del 2000

Existe una profunda, lógica, y muy inteligente filiación entre el título (muy probablemente sugerido por el propio artista) dado a la exposición de Luis Gordillo que actualmente se puede visitar en el MACBA barcelonés -"EL SUPERYO CONGELADO"- y los contenidos formales que se han privilegiado en la misma. "Contenidos formales" es el eufemismo textual y teórico que aquí utilizamos para significar, en realidad, el alto grado de complicidad afectiva con lo mostrado que han llevado a cabo tanto Luis Gordillo como los comisarios de la misma para la realización de la muestra. De hecho, nos encontramos ante la que quizás sea la más rotunda, clarividente e inteligente (y hermosa, y no nos duelen prendas en utilizar este adjetivo con tan mala prensa en la actualidad) exposición que, al menos de las que ha visto quien esto escribe, haya llevado a cabo Luis Gordillo. "EL SUPERYO CONGELADO" es una muestra/diario donde el autor ha querido iluminar (¡y cómo!) obras significativas no solamente por su propio valor estético, sino también en tanto que elementos definitorios de un determinado estado emotivo que en realidad es contemplado como el hacedor/determinante en la construcción formal de la obra. A lo largo de la exposición asistimos a un extraordinario homenaje a la propia vida y obra, pero a su vez manteniendo un pudor ante lo mostrado que, paradógicamente, aleja, cuando no rechaza, cualquier veleidad narcisista que, por la propia concepción de la muestra, se hubiera "colado" en el fluir del discurso mismo de lo mostrado. Nada de ello ha ocurrido, manteniendo(se) la temperatura de la exposición en un confortable y excitado estadio entre el asombro más honesto ante lo que vamos observando y las sucesivas olas de entusiasmo afectivo y cálido provocado también por el desnudamiento emocional que mantiene Gordillo consigo mismo y con su propia obra. A modo de pequeños y grandes círculos concéntricos la muestra se expande y dilata a través de una regeneración constante de sus valencias formales y conceptuales más preclaras, logrando con ello una alucinación cronológica entre el ayer y el hoy que nos lleva a leer esta exposición admirable como una muestra ultimísima realizada en el más absoluto de los presentes.

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