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Existe
una profunda, lógica, y muy inteligente filiación entre el título (muy
probablemente sugerido por el propio artista) dado a la exposición de
Luis Gordillo que actualmente se puede visitar en el MACBA barcelonés
-"EL SUPERYO CONGELADO"- y los contenidos formales que se han
privilegiado en la misma. "Contenidos formales" es el eufemismo
textual y teórico que aquí utilizamos para significar, en realidad, el
alto grado de complicidad afectiva con lo mostrado que han llevado a cabo
tanto Luis Gordillo como los comisarios de la misma para la realización
de la muestra. De hecho, nos encontramos ante la que quizás sea la más
rotunda, clarividente e inteligente (y hermosa, y no nos duelen prendas
en utilizar este adjetivo con tan mala prensa en la actualidad) exposición
que, al menos de las que ha visto quien esto escribe, haya llevado a cabo
Luis Gordillo. "EL SUPERYO CONGELADO" es una muestra/diario
donde el autor ha querido iluminar (¡y cómo!) obras significativas no
solamente por su propio valor estético, sino también en tanto que elementos
definitorios de un determinado estado emotivo que en realidad es contemplado
como el hacedor/determinante en la construcción formal de la obra. A lo
largo de la exposición asistimos a un extraordinario homenaje a la propia
vida y obra, pero a su vez manteniendo un pudor ante lo mostrado que,
paradógicamente, aleja, cuando no rechaza, cualquier veleidad narcisista
que, por la propia concepción de la muestra, se hubiera "colado"
en el fluir del discurso mismo de lo mostrado. Nada de ello ha ocurrido,
manteniendo(se) la temperatura de la exposición en un confortable y excitado
estadio entre el asombro más honesto ante lo que vamos observando y las
sucesivas olas de entusiasmo afectivo y cálido provocado también por el
desnudamiento emocional que mantiene Gordillo consigo mismo y con su propia
obra. A modo de pequeños y grandes círculos concéntricos la muestra se
expande y dilata a través de una regeneración constante de sus valencias
formales y conceptuales más preclaras, logrando con ello una alucinación
cronológica entre el ayer y el hoy que nos lleva a leer esta exposición
admirable como una muestra ultimísima realizada en el más absoluto de
los presentes.
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