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Tan sólo un 4% de la población es donante
de sangre, ese fluido vital metáfora -dicen- de la
vida, aunque sin duda, de manera más inmediata, claro
síntoma de una muerte imprevista. En su serie "Hemogramas",
Fontcuberta fotografía y manipula gotas de amigos o
desconocidos (apuntando sus iniciales, fecha de donación
y número de toma) que después amplifica descubriéndonos
sugerentes grietas y bellos matices cromáticos formados
por la coagulación sanguínea. El resultado muestra
singulares abstracciones plásticas en las que, Biología
y fotografía unidas, revelan la intensa belleza que
reside más allá de la percepción humana
convencional.
En
"Semiópolis", que parece aludir a la Calípolis
platónica (una ciudad utópica gobernada por ancianos eruditos)
propone un viaje de dimensiones siderales a una ciudad de signos. A través
de páginas extraídas de diversas obras escritas en el lenguaje
Braille, tan difícil de interpretar para el que puede ver como
inaccesible sería para un ciego el hecho de contemplar las fotografías
de Joan Fontcuberta, observamos la impresión en relieve de pasajes
del Génesis bíblico, La Odisea, las Profecías de
Nostradamus o El Aleph. Volúmenes fundamentales que conforman una
ciudad de signos aparentemente inmutables ante la cual, únicamente
la presencia amenazante de un insecto que asoma de imprevisto por uno
de los flacos de El origen de las especies, parece cuestionar. Más
apacible resultan, en apariencia, las "Constelaciones", donde
se simula un cielo nocturno mediante insignificantes mosquitos fotografiados
sobre un parabrisas de automóvil. Estos han sido estrellados (luego,
por tanto, podemos considerarlos estrellas), paisajes de un Universo elaborado
a partir de cadáveres de insectos que acabaron su vuelo en un cristal
y que ahora conforman luminosas estelas cósmicas. Fontcuberta ofrece
al espectador sangre, signos y estrellas, imágenes de las que realiza
una lectura alterada, ambigua y contrapuesta. Contravisiones.
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