Un tiempo.
(unas pocas líneas
sobre Facing Forward, de Fiona Tan)
José Luis Brea
Project Rooms. Arco2000
10-15 Febrero 2000

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Es necesario tener un tiempo, un momento expandido para contemplarla. En medio del ruido (no sólo hablo del ruido físico: también del ruido visual, del mediático, del producido por la muchedumbre, de todos los ruidos de una feria ...) esta película ofrece una cautivadora isla de silencio -y contenido. Hace falta tener 10 minutos para verla, pausadamente, leerse el pequeño textito, escuchar la voz en off que lee un hermoso texto de Calvino (un texto de las ciudades invisibles en el que se describe la mirada del viajero que llega a las ciudades remotas). Hace falta tener un tiempo para seguir ese ritmo pausado de las imágenes que funcionan como fotografías expandidas, como instantáneas ensanchadas en un tiempo de reconocimiento mutuo.

Es uno de los project_rooms -si tuviera que elegir una sola obra de Arco2000 no elegiría otra- en el que la indonesia Fiona Tan realiza una inteligente "inversión de la mirada" colonial, mostrándonos no una imagen "otra" del "otro", que responda frontalmente a la mirada eurocéntrica, sino una mirada sobre, justamente, esa mirada.

 

Quiero decir que no se pretende mostrarnos de otra manera o bajo otra perspectiva (reivindicativa, contestataria, exaltadora ...) al "exótico" o al colonizado: sino que justamente lo que se hace objeto de esta breve película es, precisamente, la propia mirada colonizadora. La obra de Tan lo hace con una poesía extrema, a un ritmo cautivadoramente dulce y elegante. Durante los 10 minutos que dura la proyección (la obrita pertenece a eso que ahora llamaríamos "cine de exposición") el espectador contiene el aliento y se deja llevar por ese álbum de fotos expandidas que inventarían la mirada del colonizador, del antropólogo que cataloga como "extraño" al distinto. Por supuesto que la pasión de esa mirada es (también) reconocida, tanto como el orgullo entrañable del "mirado" por hacerse objeto de ella. El vestir sus mejores galas, lucir sus más apreciadas armas o sus rasgos de identidad más específicos, el aparecer entregado a los rituales más extremos, ... todo ello tiñe de una enorme ternura a un proceso cuya lógica es, y esto queda claro, no sólo poética, sino de fuerte significación política.

La película, realizada mediante el montaje de material documental original, muestra una serie de comunidades de "primitivos contemporáneos" -como hasta hace poco los describía la políticamente incorrecta antropología cultural contemporánea- posando de frente a la mirada del occidental que busca documentar su identidad y sus costumbres. De vez en cuando esta serie se ve interrumpida por algunos fotogramas en que quien aparece es el propio antropólogo, el propio filmador -filmado. No insistiré en la fuerza poética con que el tempo de la película marca esa contramirada (cada cual se deja llevar por unos u otros tonos anímicos) sobre todo por no infravalorar la fuerza política que despliega.

Como una especie de secreto manifiesto de resistencia, estos breves minutos de mirada y contramirada extendidas como reclamación de un tiempo de experiencia diferencial son acaso, y sobre todo, uno de los más bellos testimonios -por la naturalidad e inmediatez con que está dado- del darse ahora de nuestra experiencia del mundo en una perspectiva decididamente postcolonial. 11 minutos para una experiencia cuya indudable carga poética no lima en modo, sino que refuerza, otros muchos potenciales. Acaso un buen ejemplo de lo que, con mejor criterio, podemos esperar de un arte políticamente comprometido ...

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