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español
Es
necesario tener un tiempo, un momento expandido para contemplarla. En
medio del ruido (no sólo hablo del ruido físico: también
del ruido visual, del mediático, del producido por la muchedumbre,
de todos los ruidos de una feria ...) esta película ofrece una
cautivadora isla de silencio -y contenido. Hace falta tener 10 minutos
para verla, pausadamente, leerse el pequeño textito, escuchar la
voz en off que lee un hermoso texto de Calvino (un texto de las ciudades
invisibles en el que se describe la mirada del viajero que llega a las
ciudades remotas). Hace falta tener un tiempo para seguir ese ritmo pausado
de las imágenes que funcionan como fotografías expandidas,
como instantáneas ensanchadas en un tiempo de reconocimiento mutuo.
Es
uno de los project_rooms -si tuviera que elegir una sola obra de Arco2000
no elegiría otra- en el que la indonesia Fiona Tan realiza una
inteligente "inversión de la mirada" colonial, mostrándonos
no una imagen "otra" del "otro", que responda frontalmente
a la mirada eurocéntrica, sino una mirada sobre, justamente, esa
mirada.
Quiero decir que no se pretende mostrarnos de otra manera o bajo otra
perspectiva (reivindicativa, contestataria, exaltadora ...) al "exótico"
o al colonizado: sino que justamente lo que se hace objeto de esta breve
película es, precisamente, la propia mirada colonizadora.
La obra de Tan lo hace con una poesía extrema, a un ritmo cautivadoramente
dulce y elegante. Durante los 10 minutos que dura la proyección
(la obrita pertenece a eso que ahora llamaríamos "cine de
exposición") el espectador contiene el aliento y se deja llevar
por ese álbum de fotos expandidas que inventarían la mirada
del colonizador, del antropólogo que cataloga como "extraño"
al distinto. Por supuesto que la pasión de esa mirada es (también)
reconocida, tanto como el orgullo entrañable del "mirado"
por hacerse objeto de ella. El vestir sus mejores galas, lucir sus más
apreciadas armas o sus rasgos de identidad más específicos,
el aparecer entregado a los rituales más extremos, ... todo ello
tiñe de una enorme ternura a un proceso cuya lógica es,
y esto queda claro, no sólo poética, sino de fuerte significación
política.
La película, realizada mediante el montaje de material documental
original, muestra una serie de comunidades de "primitivos contemporáneos"
-como hasta hace poco los describía la políticamente incorrecta
antropología cultural contemporánea- posando de frente a
la mirada del occidental que busca documentar su identidad y sus costumbres.
De vez en cuando esta serie se ve interrumpida por algunos fotogramas
en que quien aparece es el propio antropólogo, el propio filmador
-filmado. No insistiré en la fuerza poética con que el tempo
de la película marca esa contramirada (cada cual se deja llevar
por unos u otros tonos anímicos) sobre todo por no infravalorar
la fuerza política que despliega.
Como una especie de secreto manifiesto de resistencia, estos
breves minutos de mirada y contramirada extendidas como reclamación
de un tiempo de experiencia diferencial son acaso, y sobre
todo, uno de los más bellos testimonios -por la naturalidad
e inmediatez con que está dado- del darse ahora de
nuestra experiencia del mundo en una perspectiva decididamente
postcolonial. 11 minutos para una experiencia cuya indudable
carga poética no lima en modo, sino que refuerza, otros
muchos potenciales. Acaso un buen ejemplo de lo que, con mejor
criterio, podemos esperar de un arte políticamente
comprometido ...
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