El gran trueque

Xabier Saenz de Gorbea

Connsoni, Bilbao
Enero - Marzo 2000

CREAR situaciones en el campo de la experiencia social, es el objetivo de una buena parte del arte contemporáneo. Este realismo conceptual concita acciones muy semejantes a las cotidianas e incluso bien pueden haber sido concebidas y llevadas a cabo por otros agentes sociales, con lo que las barreras entre el arte y la vida se vuelven confusas. Es en esta ambigüedad donde trabaja el creador, volviendo conscientes fenómenos cotidianos relacionados con el ocio y el espectáculo.

Nacido en Villeneuve St. George en 1970, Matthieu Laurette es uno de los artistas ligados a la estética relacional y contextual. El arte no sólo como máquina para la reflexión o estímulo para la sensibilidad, sino algo conectado con la experiencia, capaz de articular sentido en muy distintas direcciones y que pone el énfasis en la recepción pública del trabajo.

Por medio de la acción organizada por Consonni, Laurette trata de dar respuestas a situaciones comunes y corrientes, promueve su seguimiento, propicia el suspense y la participación activa de los telespectadores. Con el dinero para la producción de obra ha adquirido un automóvil cuyo precio es de 1.013.000 pesetas. El autor propone un trabajo que titula «El gran trueque» y que se presenta/representa en un programa televisivo del Canal Bizkaia (Canal 48 UHF), desde el tres de enero, todos los días, antes y después de los informativos. Un folleto impreso buzoneado en 150.000 hogares informa a la ciudadanía del evento. Se indica que hay un teléfono, el 944 407707, para recoger las solicitudes de cambio de productos. Todos los sábados y domingos a las 14,20 h. la presentadora Alicia San Juan nos indica cual es la propuesta de precio más elevado que se ha hecho y por lo tanto la que se queda momentáneamente para ser canjeada por el coche. La cadena comienza pero no se sabe cuando acaba, depende de la respuesta social. Una obra abierta que dialoga con los elementos de la publicidad y aquellos concursos televisivos que proponen una dinámica de premios cuya evasión permite un alejamiento de la vida cotidiana, una incitación al consumo y una invitación al entretenimiento. El artista los relaciona y posibilita su cuestionamiento. Una problematización que va más allá de lo que la obra de arte es o ha sido.

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