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CREAR
situaciones en el campo de la experiencia social, es el objetivo de una
buena parte del arte contemporáneo. Este realismo conceptual concita
acciones muy semejantes a las cotidianas e incluso bien pueden haber sido
concebidas y llevadas a cabo por otros agentes sociales, con lo que las
barreras entre el arte y la vida se vuelven confusas. Es en esta ambigüedad
donde trabaja el creador, volviendo conscientes fenómenos cotidianos
relacionados con el ocio y el espectáculo.
Nacido en Villeneuve St. George en 1970, Matthieu Laurette
es uno de los artistas ligados a la estética relacional
y contextual. El arte no sólo como máquina para
la reflexión o estímulo para la sensibilidad,
sino algo conectado con la experiencia, capaz de articular
sentido en muy distintas direcciones y que pone el énfasis
en la recepción pública del trabajo.
Por medio de la acción organizada por Consonni, Laurette
trata de dar respuestas a situaciones comunes y corrientes,
promueve su seguimiento, propicia el suspense y la participación
activa de los telespectadores. Con el dinero para la producción
de obra ha adquirido un automóvil cuyo precio es de
1.013.000 pesetas. El autor propone un trabajo que titula
«El gran trueque» y que se presenta/representa
en un programa televisivo del Canal Bizkaia (Canal 48 UHF),
desde el tres de enero, todos los días, antes y después
de los informativos. Un folleto impreso buzoneado en 150.000
hogares informa a la ciudadanía del evento. Se indica
que hay un teléfono, el 944 407707, para recoger las
solicitudes de cambio de productos. Todos los sábados
y domingos a las 14,20 h. la presentadora Alicia San Juan
nos indica cual es la propuesta de precio más elevado
que se ha hecho y por lo tanto la que se queda momentáneamente
para ser canjeada por el coche. La cadena comienza pero no
se sabe cuando acaba, depende de la respuesta social. Una
obra abierta que dialoga con los elementos de la publicidad
y aquellos concursos televisivos que proponen una dinámica
de premios cuya evasión permite un alejamiento de la
vida cotidiana, una incitación al consumo y una invitación
al entretenimiento. El artista los relaciona y posibilita
su cuestionamiento. Una problematización que va más
allá de lo que la obra de arte es o ha sido.
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