Loris Cecchini y Elisa Sighicelli: ¿espejismo , realidad, ensoñación?
Cristina Trigo
Centro Galego de Arte Contemporánea
Abril-Mayo 2000.

El Centro Galego de Arte Contemporánea muestra hasta el 21 de mayo la obra de dos jóvenes artistas italianos: Elisa Sighicelli y Loris Cecchini. Sighicelli presenta una serie de cajas de luz bajo el título Santiago, mientras Cecchini, además de fotografías, presenta la instalación Stage evidence (untitled), una de las adquisiciones del CGAC en la última edición de ARCO.

Precisamente, la fotografía en cajas de luz ha sido una de las técnicas que más presencia han tenido en ARCO 2000. Tanto Sighicelli como Cecchini utilizan este medio con la intención de modificar la imagen fotográfica tradicional manipulando la luz, con la intención de enfatizar la ilusión de la fotografía y de ofrecer al espectador un reconocimiento de la realidad, aunque pueda parecer paradójico.

Ambos artistas hacen uso de la imagen fotográfica para crear una imagen nueva, esto es ya conocido: el fotomontaje, el collage o la utilización de la fotografía como soporte a intervenir pictóricamente. En el caso de Cecchini el elaborado fotomontaje lleva a "creer" en el espejismo mientras que en el caso de Sighicelli al enfatizar con la luz la sensación de realidad provoca la ensoñación, sugiere un espacio placentero en el que nos recreamos.

Pero ¿puede ser placentero el interior de los pisos de estudiantes del ensache de Santiago, el abandono a la espera de ser nuevamente abandonado, el descanso anónimo, el calor forrado en plásticos o bajo tapetes? Sin duda. Elisa Sighicelli juega para ello con el punto de vista bajo de la cámara, penetrando en los tejidos, los sofás de escay, los conglomerados de madera y las cortinas e iluminando parcialmente la fotografía con los neones de las cajas de luz: se acentúa la dependencia de la imagen y la luz con el fin de crear un efecto atmosférico misterioso - todas las fotos han sido tomadas al atardecer - y atrayente. La luz de la fotografía es real pero no realista.

Elisa Sighicelli evita la narratividad para generar sensación de extrañeza, de espacio universal, de soledad universal como la que se siente ante los interiores de Hooper o ante los dibujos de los artistas viajeros que plasmaban en sus libretas los lugares de paso, las "fotos" fugaces testimonio de su presencia. Igual que ellos esta artista nómada nos muestra visiones en tránsito que sólo el viajero ve y que todos los sedentarios desconocemos y necesitamos.

Por su parte Loris Cecchini, que presenta en España su primera exposición individual, concibe la fotografía como un collage altamente tecnificado. Mediante la utilización de un sofisticado uso del soporte fotográfico (reconstruye espacios en su estudio a partir de dioramas en los que luego introduce pequeños objetos procedentes del modelismo), Cecchini crea escenografías en las que combina espacios irreales y personajes reales con una precisión inquietante.

Esas visiones incongruentes que parecen reales, como las obras de Paul Delvaux, desatan en el espectador la necesidad de ubicar todo en su sitido, de saber dónde estamos nosotros, qué lugar ocupamos en ese universo, de forma que, tras el golpe de efecto inicial la obra deja de ser impacto para requerir una atención prolongada y reflexiva.

Sus personajes, habitantes de esos espacios-maquetas laboriosamente construidos y, a veces, introducidos en burbujas transparentes, se prolongan hacia nosotros, hacia nuestro futuro. Nos inquieta la relación que tenemos con la realidad, las "realidades" que construimos a medida, mirando a los demás con espéculos que nos devuelven una imagen en la que ajustarnos o no. Curiosamente los personajes de Cecchini nunca nos ven, están casi siempre de espaldas o atendiendo a su compleja situación, desconociendo nuestra presencia lo que acentúa nuestra condición de voyeurs, podemos explorarnos en el otro sin ser explorados.

La obra de Loris Cecchini se extiende además al campo de la instalación. Stage evidence (untitled), presente en la última edición de ARCO, ha sido incorporada a la colección del CGAC. Material informático y eléctrico en desuso, construido en materia blanda y esparcido cuidadosamente por el espacio. Si en las cajas de luz planteaba espacios imaginarios y sujetos pululando y reconociendo el lugar, en la instalación da un giro a esa escala de valores, los objetos son en este caso más reducidos que los sujetos pues éstos somos los espectadores. La extrañeza se acentúa ahora, estamos suspendidos en el abandono, rodeados de detritus electrónico, a la espera de que nos indiquen dónde situarnos, mirando de soslayo uno de nuestros mitos: la tecnología que nos frustra permanentemente por su naturaleza efímera pero que necesitamos a toda costa. Asistimos al abandono de objetos necesarios, hermosos y apagados que, como las esculturas blandas de Oldenburg , se tornan moldeables, inertes, vacuos; un respiro en la vorágine caótica en la que estos instrumentos nos tienen atrapados.

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