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La
última propuesta de la creadora bilbaina Ana Laura Aláez
es una discoteca. Un club incrustado en el Espacio Uno del reina Sofía
donde los visitantes pueden bailar, ligar, beber y hasta magrearse en
las cabinas oscuras que imprimen un realismo sórdido a "Dance
& Disco". En la primera de las dos salas que componen este bello
club -tonos blanco y fucsia que se conjugan suavemente bajo las luces
de colores-, encontramos la pista de baile: dos pequeñas plataformas
ovaladas que separan la entrada de la barra-altar, donde un barman vestido
para la ocasión sirve copas a los visitantes que lo deseen. A su
izquierda tenemos la cabina del Dj, y en la pared contraria, un espejo.
La siguiente sala es más lúdica: un laberinto
esconde proyecciones muy sensuales de chicos y chicas que
se restriegan entre si o por el suelo, con una estático
filogay indudable. Otra proyección en el techo vigila
los movimientos de los visitantes-clientes, es la propia artista
que, con la curiosidad de una diosa pícara, escudriña
hasta los rincones más oscuros para asegurarse de que
todo el mundo disfruta de su libre albedrío -particularmente
el sexual-.
Dos salas, un club, que lo es hasta sus últimas consecuencias:
ser divertido ir los sábados y domingos por la mañana,
cuando los clientes potenciales de la cultura de club se encuentren
con los visitantes de provincias y extranjero. ¿Se
puede pedir más realismo, más compromiso entre
arte y vida? No. Máxime cuando, al igual que las discotecas
que existen más allá del mes y medio que dura
ésta, en "Dance & Disco" se celebrarán
fiestas de presentación -Arco, revista Neo2, colección
de moda de Darlos Díez Díez-, así como
sesiones de Dj que atraerán, por fin lo han conseguido,
la juventud a los museos.
respuesta al artículo,
por the estate of JMG
respuesta al artículo,
por Josep Lluís Blázquez
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