¿POR QUÉ LO LLAMAN EXPERIÈNCIES SI QUIEREN DECIR TRIENNAL? (la trienal que no osa decir su nombre)

Manel Clot
Barcelona, varias sedes.
Mayo-Octubre 2001

A riesgo de claudicar, de entrada, ante nominalismos irrelevantes, y sin pormenorizar en contenidos, no deja de resultar harto sorprendente que la persistente negativa a utilizar términos como bienal o trienal —acaso para conjurar la retahíla de catástrofes que suponen— para referirse a un acontecimiento que acabó como Barcelona Art Report (sic), desemboque inopinadamente, en las páginas centrales del primer número de la revista editada por Experiències (otra denominación del certamen), en un colorista mapamundi con las principales bienales internacionales que a lo largo y ancho de este mundo amargo se celebran. Insisto: las principales, es decir, las occidentales —u occidentalizadas—, ésas en las que, por otra parte, campa a sus anchas esa “Internacional del Comisariado” que tanto frecuenta las listas de eventos artísticos exitosos.

Se llame como se llame el invento, lo cierto, y lo penoso, es que ha suscitado los mismos perniciosos efectos y los mismos daños colaterales que suelen desencadenar iniciativas forzadas cuyo fin último no es, desde luego, el trabajo con las prácticas artísticas y la visibilización de la indudable complejidad que éstas conllevan en los tiempos contemporáneos. Por el contrario, esta manifestación ha devenido rápidamente una caja de Pandora que en algunos casos no ha hecho más que alentar algunas aficiones sociales de lo humano (ambiciones, personalismos, escalada, ansias de poder, transfuguismo, compraventas, prebendas, presiones) y que, por lo mismo, ha defraudado buena parte de las innúmeras expectativas (de todo punto excesivas, desde luego) que ella misma había contribuido a crear, a base de dosis masivas de iniciales torpezas metodológicas, indefiniciones terminológicas, inconcreciones de contenido, divagaciones de fines, substituciones de titulares, cancelaciones de colaboraciones... Ninguna explicada con claridad: ninguna, por supuesto, explicable con claridad.

A tenor de la impresión de incomprensible optimismo que sus responsables han querido transmitir a modo de clausura (un optimismo no muy verosímil, por cierto), cabe colegir que debamos pensar en este evento como en el modelo a seguir para próximas convocatorias: por ello mismo, la sensación de hablar lenguajes diferentes se hace ya verdaderamente insoportable. En el más rancio estilo (tan reiteradamente denostado) fórmula/Primavera (un certamen, fotográfico o de diseño, que bajo un título común aglutina una dispar e indiscriminada oferta expositiva a lo largo de unos meses), Experiències ha falseado alevosamente la composición y motivaciones de muchos de sus componentes fundacionales, puesto que un porcentaje elevadísimo han sido muestras previamente programadas por los respectivos centros, amén de los apuros y de las prisas organizativas provocadas por esas mismas indefiniciones, junto a un más o menos confesado horizonte previo en el que claramente se perfilaban afanes promocionales de la ciudad y sus méritos artísticos en el ámbito, cómo no, internacional. Una suma de factores, ésta, que sí altera el producto. Evidentemente. Y unos resultados, a este respecto, muy por debajo de la línea de flotación. Casi de dique seco.

¿Qué queda?: básicamente la pastosa sensación —monumental resaca de garrafón— de una gran polvareda (más mediática que real o, mejor dicho, forzadamente mediática) que, por una parte, y durante un cierto tiempo, ha impedido ver con detenimiento la auténtica naturaleza de las cosas, envueltas en sus mismos polvos y que, en segundo lugar, ha acarreado esa misma impresión de desertización que habitualmente comporta lo artificial magnificado. Un efecto lejía que puede borrar el frágil equilibrio y la trama de los distintos tejidos que perviven con dificultades en la ciudad. Dónde queda, pues, el pretendido efecto dinamizador fundacional, dónde quedarán los esfuerzos y los recursos tan descompasadamente empleados, cómo se van a visibilizar nuevamente las dinámicas de trabajo propias de este contexto, qué habrá aportado todo ello al colectivo de artistas y creadores, cómo habrá contribuido a normalizar las relaciones de las prácticas artísticas con la esfera de lo social, qué habrá supuesto como proyección exterior de un sistema (?) de trabajo local, qué sentido habrá cobrado la tan escasa permeabilidad al trabajo de la mayoría de agentes que vienen operando en Barcelona en todos estos años, de qué contenidos dotarán a una publicación del todo incomprensible que ya ha abandonado la esfera de la publicidad y ha pasado directamente a la de la propaganda... ¿Dónde están, en suma, hoy en día, sin efectos retóricos ni prácticas artistizadas, el debate y el activismo, la socialización y la democracia radical, la agregación y la experiencia? De aquellos polvos, estos lodos

 

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