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Bredäng es el típico producto de los años 60 y 70, cuando las promesas acerca de la accesibilidad a la vivienda chocaron con los programas social-demócratas acerca del compromiso obrero y los discursos sobre la expansión de las comunidades inmigrantes. Como resultado, grandes bloques en zonas residenciales construidos con materiales prefabricados cubrieron un paisaje marcado por sus zonas verdes, sus lagos y su suelo rocoso. Dos vídeos que mezclan material de 16mm, animación por ordenador e imágenes de archivo de la televisión sueca han sido montados y presentados por Rönicke en la principal biblioteca pública de la ciudad. Al mismo tiempo, en otra biblioteca local de Bredäng, una instalación sonora permite al visitante escuchar la totalidad de los testimonios de la gente entrevistada. La artista ha preguntado a decenas de habitantes de este área cuestiones sencillas y directas: “¿qué piensas de tu zona de residencia?” o “¿qué tipo de influencia tienes sobre tu entorno más cercano?” pasando a un segundo plano de acción con preguntas del tipo “¿qué opinas de la democracia local?” etc. Fue interesante constatar en el seminario de presentación del proyecto, la distancia que aún separa a arquitectos y artistas. Mientras el representante de los primeros hablaba de “democratic housing” a propósito del trabajo de Rönicke, ésta última no cesaba de repetir que su intención no era abrir un debate sobre planificación urbana, sino más bien hablar de los sentimientos, deseos y frustraciones de la gente que vive en esas áreas. Así, los vídeos poseen una cualidad emotiva acrecentada por una banda sonora que recorre la narración, los testimonios sinceros, el tratamiento fílmico del montaje y su disposición en un bucle que acaba enganchando.
En obras anteriores, Rönicke ha investigado sobre los programas de la arquitectura y el diseño escandinavos, intentando capturar el espíritu de una época donde la ingeniería se dispuso al servicio de una sociedad moderna. Una década de los 60 llena de utopías sobre el futuro, confrontado con imágenes del presente en un cocktail temporal no exento de romanticismo. Pero IKEA y Absolut Vodka ganaron la batalla de representación escandinava. Otro aspecto a destacar en su obra es su producción primitiva, realizada por ella misma desde su ordenador, y que consiste en sencillos collages de fotografías, recortes de revistas y dibujos que más tarde se montarán y editarán en films o vídeos, un poco a la manera de los Monty Python. Este proyecto cierra el programa del Moderna Museet Projekt, una sección creada en 1998 por la curator Maria Lind, y que ahora deja el museo para buscar nuevos retos. A lo largo de estos cuatro años, 29 artistas han realizado proyectos específicos utilizando el conjunto de la ciudad como lugar de intervención. Es interesante constatar como en estos últimos años mucha gente ha empezado a hablar de proyectos en lugar de exposiciones, con la consiguiente carga peyorativa que al término “exposición” se le presupone en determinados círculos. Pero lo interesante del MMP está en que su línea no ha sido la de dogmatizar este concepto de proyecto. La base está en ofrecer al artista no un espacio concreto, sino la libertad para pensar el marco más apropiado. A veces se ha utilizado una antigua vicaría adyacente al museo o cualquier otro espacio social, de ámbito público o privado, de la ciudad de Estocolmo. El trabajo de Pia Rönicke es un buen ejemplo de que cuando se concede plena libertad al artista, el resultado acaba inscribiéndose mejor en un espacio abierto sin que por ello el contenido de la obra quede a expensas de ese mismo contexto. |
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