VIDAS CRUZADAS (iconografía canalla, imágenes vulnerables, ficciones de lo cotidiano)
Manel Clot
Exposición retrospectiva de Raymond Pettibon. MACBA. Barcelona
Febrero-Abril 2002

Con una impresionante selección retrospectiva del americano Raymond Pettibon (su primera monográfica en España: casi 1000 dibujos sobre papel, varios murales realizados ex-profeso para los espacios del museo, piezas de vídeo, además de diversos materiales de archivo (música, libros, notas, papeles, discos, objetos) configuradores de una cierta ambientación cartográfica de los reiterados ámbitos de experiencia e intereses del artista, el Macba acaba de iniciar lo que parece que va a constituir una especie de trimestre de las subculturas populares y las visualidades contemporáneas, ya que a lo largo de los próximos meses, además de la ya citada exposición y de las consiguientes actividades periféricas, se presenta una muestra retrospectiva de los últimos diez años del trabajo de Txomin Badiola, en marzo, así como un ambicioso proyecto, Procés Sònic, ya en mayo, y a cargo de Christine van Aasche, dedicado a mostrar las cada vez mayores y estrechas relaciones y los fructíferos intercambios existentes entre prácticas artísticas visuales y espacios de creación sonora en la escena cultural internacional.

Debiendo confesar, ya de entrada, una total entrega y una irrenunciable devoción hacia su trabajo, no por ello debemos dejar de señalar que la obra de Raymond Pettibon puede aparecer como tremendamente locuaz y eficaz para quienes de una manera directa o indirecta participan de los múltiples estratos del contexto cultural y cronológico del artista pero que, sin embargo, en algunos momentos, puede mostrarse también como terriblemente muda y encriptada para otros a quienes la lejanía vital de una experiencia específica les impide reconocer, aun agazapados en la apabullante e imparable avalancha de las poderosas imágenes que constituyen el conjunto del trabajo de este artista (casi la única manera posible, a mi juicio, de ver y leer su obra con una amplitud ciertamente totalizadora y sin dejarse llevar, por tanto, por la evidente facilidad receptiva de un repertorio figural más o menos afortunado, reducido en ocasiones sólo a su mera existencia formal y visual), la más que innegable iconicidad y significación cultural de tanto héroe, villano, cowboy, mito, starlette, asesino, zorra, músico, hippie, visionario, yonqui, deportista, fulana, agorero, y personajes de toda ralea que estructuran los dibujos y que capturan la mirada deambulante y algo desbordada del espectador (lector), unos centenares de dibujos cuyos diversos conjuntos y bloques, distribuidos y agrupados en esta muestra por el propio artista, se nos aparecen a menudo a modo de raras novelas de pared, fragmentos de folletines de aventuras y de intriga escritos e ilustrados sobre los muros (en el más puro estilo Pulp Fiction), casi la pervivencia de unos graffitis reconvertidos aquí en escrituras más lineales y con una vocación mucho más narrativa, una suerte de nuevos relatos contemporáneos, en fin, que siguen reclamando la atención sobre los estatutos cambiantes y en permanente modificación de las imágenes contemporáneas. Y de lo contemporáneo.

Dada la extrema conexión e interdependencia entre lo que es su trabajo y lo que constituyen sus ámbitos de mundo y de vida, acaso podríamos hablar de su obra en términos de una cierta politización de la experiencia y de su representación, por una parte, y haciendo un especial hincapié en la responsabilidad y la coherencia personales que ese tipo de posiciones y de toma de partido comportan: aunque no por ello, por otra parte, deberíamos dejar pasar la posibilidad de relacionarnos y aproximarnos a estos trabajos en base a postulados que fijan sus cimientos en terrenos de un extremo eurocentrismo, con códigos comprensibles sólo desde ópticas occidentales, urbanas, capitalistas, y propias de sociedades avanzadas, por lo que también en nuestro contexto más inmediato tal vez algunas de sus formulaciones podrían aparecérsenos, en primera instancia, como tremendamente americanas (y, más concretamente, características de un cierto modus operandi propio de la costa Oeste y de su tradición contracultural), pudiendo con ello mantener notablemente vigentes cuestiones acerca de cómo una mirada articulada en torno a la actualización de lo exótico sigue instalada en multitud de procesos de lectura, recepción y consideración de prácticas artísticas vinculadas a contextos específicos, ya sean éstos de cariz geográfico, racial, identitario, cultural o ya meramente instrumental.

Con todo ello, la obra de Raymond Pettibon configura un intensísimo itinerario a lo largo de los momentos más significativos que han jalonado y ampliado los territorios y las experiencias de la contracultura y de las subculturas populares y de consumo en los ámbitos de producción capitalista occidental, y no sólo permitiendo sino directamente propiciando la contaminación y el contagio de las esferas tradicionales de la alta cultura por parte de otros modos y maneras pertenecientes a la cultura de masas y a los medios de significación e impacto populares: el punk, los comics, la ilustración, la música, el rock, las bajas culturas, las drogas, los media, la tv, las revistas, los grupos de protesta, las tendencias juveniles, los estratos del consumismo, la esfera de lo diario y cotidiano, la violencia, el sexo, o los movimientos de liberación, y no acercando propuestas antagónicas sino integrando las unas dentro de las otras, lo cual reafirma la oportunidad de una muestra de estas características en un contexto artístico como el de Barcelona, donde las distintas escenas que operan en el ámbito cultural avanzado (creadores, públicos, escenarios, publicaciones, acontecimientos) muestran un grado progresivamente más intensificado de interacción, de trasvases y de fusión.

 

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