Bordes Porosos, Atopías Del Paisaje
X. Lois Gutiérrez
[F. J. Pereira, Fronteiras da Impraticabilidade (1. Distopias paisagísticas) Galería Joao Graça. Lisboa]

"A fronteira localiza o límite"
F. J Pereira

Narremos el borde, escrutemos sus estructuras; porque quizás nunca como ahora sea necesario escindir entre muchos y variados modelos de connivencia, el lugar donde debemos repensar el espacio de nuestro imaginario, dentro de una modalidad epocal extraordinariamente inestable. Pensar en cierta necesidad de paradigma –siempre efímero, en fuga permanente- que pueda superar esta intolerancia procaz a lo obsoleto, esta transformación constante de pulsos y valores. Quizás allí es donde el arte, la aventura del arte; pueda acceder a un posible universo de sentido. Y es que dentro de este proceso lo que emerge sin duda alguna, es la instancia de una nueva racionalidad: aquella que estatuyen   nuestras imágenes. ¿Pues acaso al revisar nuestro imaginario no pensamos –inoxerablemente de nuevo- en esa manida letanía de la ubicación de un sujeto de conocimiento y en sus aledaños? No obviemos entonces que esta circunstancia, más ontológica que metafísica, más epistemológica que especulativa; se emprende y se debe decidir, no ya sobre una nueva misión semática, sino sobre una clausura sistémica sobre el espacio de nuestro imaginario. Y allí es, desde las imágenes, donde podemos sospechar de una modernidad todavía inconclusa aún en sus gloriosos estertores, pues surgen y siguen surgiendo voces recelosas que profetizan incansablemente los estigmas, los venenos, las anomalías de una categoría (lo real) dinamitada por la poderosa alteridad del universo de lo virtual. Las imágenes sin embargo, parecen ya no pertenecernos, es más, disfrutan de una autonomía autopoiética que se viene ajustando a sus propias condiciones dentro de un becoming infinito (L. Castro). Y fuera de cualquier exceso funcionalista, lo que se pone en juego no es la incapacidad de un sujeto atenazado por los secretos de su imaginación, sino la escenificación crítica de una visualidad temporalizada (iluminista, moderna) que obliga a repensar las relaciones de un espacio/tiempo y lo que desde hace dos siglos hemos querido entender por imaginación, razón, sujeto o política. De ahí que esta invitación desde el borde se intente detener, se desee precisamente desde la develación del diagnóstico de una exterioridad sobredimensionada como efecto de las maquinarias volitivas del capitalismo de la información, desde un espacio/tiempo imaginario con densidad de flujo. Con la imprescindible referencia de E. W. Soja se impone entonces no sólo “la necesidad de un replanteamiento teórico de la materialidad concreta de las prácticas espaciales capitalistas”,  también un ajuste de las distorsiones de un historicismo anclado en un esclerótico discurso desespacializador. Nuevas narraciones desde los bordes, los límites. Otros panópticos.

Este debate que rebasa con creces la autonomía de este texto nos obliga a levantar cierta estructura fractal y diferida de lenguajes. Una señáletica, una suerte de mapa: localizadores de inferencias. El trabajo de Fernado José Pereira (Porto, 1961) se ofrece en este sentido como un hábil network que se dilata en una compleja multidireccionalidad mandelbrotiana sobre la naturelza y su construcción cultural. En Fronteiras da Impraticabilidade (1. Distopias paisagísticas)-(galería Joao Graça, Lisboa) aborda meticulosamente todo este proceso que hemos venido describiendo, pero la importancia de este trabajo no radica en la impostura de una tesis más o menos afortunada, sino en la desestabilización de un marco ontológico que se ha visto desbordado por la capacidad estetizadora de los media y la inagotable alteridad de un espacio social gestionado por estructuras post-organizadas (J. Urry). Precisamente dentro estas cuestiones geopolíticas, F. J. Pereira explora y recapacita la categoría de frontera fuera de obsesiones deterministas. Límite y escisión, proposición trágica de inestabilidad e inhabitabilidad (Serres), la frontera reifica cualquier programa tropológico para subvertir cualquier tipo de estandarización. Pero si de verdad el mercado no se detiene ante la potencialidad mercantil de la frontera, este espacio intersticial; fiduiciario de identidades, territorios o lugares no escapa a la figura del secreto como representación. Ninguna afirmación hegeliana logra sostener ya, no la fisicidad de lo natural sino una exterioridad material que se presenta como promesa de estabilidad precisamente desde su condición de impracticabilidad, pues allí mismo se desvela la no-mismeidad del signo por el signo, se establecen nuevos territorios del aparecer sólo operativos desde la convicción de su naturaleza catastrófica, desde una potencialidad insurgente fuera del marco temporalizador del acontecimiento. La ruptura epistemológica con estos modelos idealistas renueva la confianza depositada en un imaginario que promueve una interioridad exteriorizada reconstruyendo lo real a través de la omnipotencia del deseo, estimulando una alteridad ensimismada pero increíblemente fértil. El deseo tomado entonces como ubi espacializador habita en nuestra relación con lo natural desde un punto de vista ontológico, pero ya no reducido a un lichtung alucinado, sino como interface entre lo real y lo virtual. Donde la frontera exhibe su porosidad, el deseo reproduce la representación en puro éxtasis, como metáfora de libre circulación, exilio o promesa de esperanza, como shift que dispara discreccionalmente una cierta transparencia sobre su función referencial: la de su imposibilidad (posible) de traducción. La literalidad de su representación es también opción de fuerza de ley si se detecta: allí donde se diluye establece una nueva traducción, allí donde se cierra impone su blindaje autorreferencial. La indefinición del borde no es más que la alegoría de nuestra imaginación, sumiéndonos en un mantenimiento terminal de un déficit de la diferencia, en una constante deriva a-dialéctica con la representación. Sólo la porosidad –no la huella-, el secreto de su materialidad; esconde su redefinición en  el espacio/tiempo de nuestro imaginario contemporáneo, aquella que certifica la incapacidad de cambio pero que también da cuerpo “a inexistência  de um “outro” que não possa ser reduzido a qualquer uma das figuras do mesmo” (F. J. Pereira).

 

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