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El acrónimo ETH que da título a la exposición recuerda la labor que realizó en los años veinte la Escuela de Ingeniería Técnica de Zurich, a quien corresponden dichas siglas. La muestra se compone de diversas construcciones y proyecciones fotográficas hechas a partir de maquetas y vistas reales de aislados parajes alpinos atravesados por imponentes obras de ingeniería. A priori la monumentalidad de los puentes podrían hablarnos del desafío del hombre ante una naturaleza hostil, pero la integración absoluta de las arquitecturas en un todo oscuro y boscoso, nos hacen dudar de que hagan referencia al espíritu de superación del hombre moderno ante las adversidades y obstáculos que la naturaleza impone. Caspar David Friedrich inauguró un nuevo género calificado por el escultor David d'Angers como de "tragedia del paisaje" en el que simples topografías no naturalistas pero verosímiles elaboran una recreación silenciosa de intimidad, ocasionalmente visitadas por un peregrino (la figura de un caminante absorto en la contemplación). En "EHT" observamos unas imágenes igual de ilusorias y de construidas que las tomas de Friedrich y sus seguidores -de estudio, aunque con bocetos parciales del natural- pero que carecen del valor de introspección que definían a los primeros. Naturaleza y protestantismo están estrechamente ligados en la pintura de paisaje romántico a través de los ecos de la interpretación panteista del Neoplatonismo. La emoción ante la naturaleza aproxima al individuo a sentirse parte de la Creación y a reflexionar en soledad acerca de su relación con ella. Los avances de la Ciencia demostraron que el Universo era aún más complejo y misterioso de lo que parecía a primera vista, que Razón y Progreso no satisfacían las incógnitas más apremiantes y fundamentales. Por tanto, quizá la obra divina, manifestación del Señor, posea parte de las respuestas. A diferencia de estos, los paisajes de Vallhonrat son, en cambio, seculares y no responden a la cualidad de "moral" con la que Hugh Honour unifica en su obra El Romanticismo, la variedad del paisaje romántico. Y, por otro lado, está ausente en ellos la vocación de eternidad. Los ropajes de las figuras en los cuadros de Friedrich, pasados de moda para sus contemporáneos, nos hablan de la voluntad del autor de congelar en el tiempo y en el espacio una experiencia de recogimiento que el espectador hace suya. Por el contrario, en esta muestra predomina el carácter cinematográfico -y por tanto temporal- al que se añade una puesta en escena en la que se emplean maquetas, el sistema tradicional de la industria cinematográfica antes de la reciente llegada del diseño digital de decorados. Lo esencial, en todo caso, es que niega la condición de lugar sagrado -indispensable en el paisaje romántico- transformando en siniestro lo que antaño era sublime. Cierto aire tenebroso se respira entre los riscos y las sombras del arbolado. El tiempo en suspensión acentúa el carácter alucinatorio de unos parajes despoblados que recuerdan a los de "Twin Peaks", en los que el cadáver de la joven Laura Palmer trastocaba la turbia existencia de una reducida comunidad. La omnipresente calma pronostica una amenaza difícil de determinar; un hecho inesperado, quizá el paso fugaz del ferrocarril. Quedamos a la espera de que algo suceda. |
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y los autores, 2000, 2001, 2002
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