DEDALIC CONVENTION en Viena

Peio Aguirre

DEDALIC CONVENTION es una exposición en Austria que habla de Italia. O más bien, una exposición que pretende establecer un link con alguna idea abstracta vinculada al Norte de Italia. Un grupo de gente se reúne en Viena durante cuatro días desafiando al colapso personal y colectivo. Apenas se conocen y cuando empiezan a compartir algo se separan y cada uno de ellos se convierte en un personaje paralelo tratando de buscar sentido a tal encuentro. Pueden ser descritos como outsiders dentro de sus respectivas actividades. Artistas, músicos, diseñadores, curators y demás.

Treinta años antes, en algún lugar del Norte de Italia, otro grupo de gente discute sobre la posibilidad de negociar con nuevas estructuras. Hablan de música y de una situación cultural a todas luces embrionaria.

De vuelta al presente. En toda esta historia hay un personaje clave, el artista británico Liam Gillick, invitado simultáneamente por el Museo MAK de Viena y por el Kunstverein de Salzburgo a realizar sendos proyectos. 

Así DEDALIC CONVENTION se estructura en dos fases, una primera fase en Viena junto con una quincena de participantes y una segunda parte más tarde en el Kunstverein Salzburgo.

La matriz conceptual del proyecto parte de la visión un año antes del propio Gillick de un concierto en Viena de la banda de free-jazz italiana DEDALUS, un grupo de música vanguardista perdido en algún momento de los años 70 y rescatado para la ocasión. También hay otro precedente. El viaje de Jörg Haider a Roma para visitar al Papa y el deseo de establecer un rumor transfronterizo entre Italia y Austria reevaluando el potencial de la acción y el pensamiento colectivos.

El MAK de Viena no es un museo convencional. Su originalidad reside en combinar una estructura de museo de arte decorativo y antiguo con exposiciones temporales de arte actual y arquitectura y un continuo esfuerzo por cuestionar su propio funcionamiento a través de proyectos y conferencias de orden experimental. Como ejemplo, las salas de arte Barroco y Rococo están diseñadas por Donald Judd y la sala Estilo Imperio por Jenny Holzer.

En este contexto, es necesario recordar la tormenta desatada durante el año pasado cuando el partido ultraderechista accedió en coalición al Gobierno austríaco y las llamadas al boicot de las instituciones y museos que colaboraban con el gobierno se sucedieron bajo la polémica. Un activismo político que afectaba a la redefinición de las estructuras y a las bases ideológicas de dichas instituciones.

Y este es el telón de fondo de dicha Convención Dedálica. Un virus que se infiltra por la estructura cotidiana del museo y que cuestiona los roles de libre pensamiento cuando tratamos de experimentar nuevas posibilidades de exposición que van más allá de la dinámica del “group show”.

Con esta nueva estructura, Liam Gillick trata de negociar con un conjunto de proposiciones y genealogías de diversas procedencias. Gabriel Kuri, Philippe Parreno, Geraldine Belmont, Pia Rönicke, Scott Olson y los demás tratan de buscar sentido a todo aquello. No es necesario alcanzar un resultado final y las ideas flotan en el ambiente. Una nebulosa de actos no resueltos y relaciones separadas a medio camino entre la tensión individual y colectiva.

Los participantes provenientes de los Estados Unidos no han podido viajar por el cierre de los aeropuertos y la psicosis colectiva y la posibilidad de “doblar” (tanto metafórica como efectivamente) el trabajo y las ideas de éstos cobra fuerza. No ha pasado ni siquiera una semana desde los atentados y todavía la atmósfera está cargada de la impresión de estar viviendo algo intenso y desconocido. Todos los días cita a las siete de la tarde para beber cervezas, charlar, mirar la CNN al fondo, escuchar el último disco de New Order y acabar en la misma cocktelería vienesa.

Pero la noche de la inauguración llega, y la gente que acude necesita reconstruir el complejo puzzle visual que se le ofrece. El público parece confundido, mirando la bella instalación de Cerith Wyn Evans “Dreammachine” que ocupa la sala central destinada a la exposición, preguntándose si aquello se parece remotamente al trabajo del propio Gillick o no.

Una vez más, la ausencia de un personaje se convierte en el motor o la excusa para una especulación productiva y narrativa. Ya no está Erasmus, que sin duda llegó tarde. Ni Robert McNamara, ex-secretario de defensa de los Estados Unidos en el periodo de Kennedy. Ni tampoco hay proceso posible a Pol Pot. Ahora es DEDALUS, un grupo de música que nadie conoce y que nadie parece haber oído. Ni siquiera los participantes de la convención. Poco importa. Como se dice en el texto, DEDALIC CONVENTION “es un proyecto dirigido hacia un grupo de gente que no saben que son el punto de atracción.”

Pensar en nuevos modelos de estructuras expositivas que negocian con backgrounds complejos y genealogías diversas no es tarea fácil. Estamos ante un nuevo paradigma de las relaciones artista-curator-institución. No ya un artista haciendo su propio arte ni siquiera un artista ejerciendo de curator de una exposición colectiva ni colaborando con otro curator para traer cierta cohesión al trabajo desperdigado de un grupo de artistas. Más bien, estamos ante la emergencia de una consciencia por parte del artista de la estandarización de su propio nombre en tanto que marca o label y el poder que esto conlleva en el contexto del arte actual. Y la respuesta ante esta situación es la posibilidad de diseñar e idear nuevas estructuras complejas de exposición que cortocircuitan estas relaciones introduciendo y dando la oportunidad a un grupo de artistas de formar parte de tal proceso.

Daniela Zyman es la curator del MAK que invita al artista Liam Gillick que a su vez construye el dispositivo con la curator Annette Kosak y que a su vez invitan al curator Stefan Kalmar que a su vez invita al artista inglés Cerith Wyn Evans que a su vez ocupa el espacio principal, consiguiendo “salvar” así la exposición. Una cadena de responsabilidades compartidas asentada sobre una cadena de ausencias.

En este caso, las intenciones son altamente experimentales y los resultados escapan al control. La duda y el escepticismo planean por DEDALIC CONVENTION, todo ello mezclado por un estado mental abierto a cualquier posibilidad, de generosidad y confianza mutua, y la convicción de que entre un momento de pre-producción y otro de post-producción el puro vacío puede ser suficiente.

En DEDALIC CONVENTION, un grupo de gente ha pensado colectivamente en la estructura y significado de tal convención, aportando cada cuál su pequeño impulso particular.

Asumir como artista que semejante experimento puede acabar en un fiasco refleja una gran confianza en el sistema y en la garantía de su propio nombre de artista dentro de ese sistema.

Las ideas no son más poderosas que los objetos, los objetos no son más poderosos que las ideas y vuelta a empezar. Y como siempre ocurre en una situación de grupo, hay personajes centrales y personajes periféricos. Y es en ese momento que el trauma aflora.


* DEDALIC CONVENTION por/ Liam Gillick y Annette Kosak y/ Peio Aguirre, Julie Ault/Martin Beck, Geraldine Belmont, Matthew Brannon, Nathan Carter, Trisha Donnelly, Richie Hawtin, Stefan Kalmar, Gabriel Kuri, Scott Olson, Philippe Parreno, Pia Rönicke, Gary Webb (Salzburgo), Markus Weisbeck, Pae White, Cerith Wyn Evans con/ Daniela Zyman (MAK), Hildegund Amanshauser (Kunstverein Salzburgo)

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