EL ARTE CONTEMPORÁNEO EN SOCIEDAD
Una entrevista con Franck Larcade

Bianca Visser

 

Hay iniciativas que requieren una nueva definición. consonni es una de ellas. Durante su inauguración en 1998, la prensa llegó a definirlo como la fábrica del arte. Sin entrar a discutir si esta sinonimia es acertada o no, obviamente surgió porque, en un principio, la institución presentaba sus actividades en una antigua nave industrial situada en Bilbao de la que, además, adoptó el nombre. Desde hace unos dos o tres años la fábrica ha quedado en desuso. Por indicación de los artistas, consonni ya no ofrece un espacio para que expongan sino que les aporta las herramientas que necesitan para desarrollar su obra. Actualmente, todas las gestiones se hacen desde una oficina ubicada en la ciudad vasca.

Desde su constitución, su director, Franck Larcade, ha guiado a la institución en una línea marcada por unos objetivos y unos pensamientos muy concretos. Uno de los puntos de los que parte es que el proyecto predomina sobre el producto que de allí pueda surgir. Aparte, Larcade opina que el arte ha sido enajenado de la sociedad, puesto sobre un pedestal que él está dispuesto a hacer desaparecer. La iniciativa está abierta a toda clase de proposiciones. Entre otros, ha producido un concurso para la televisión, está preparando otro programa de televisión y va a sacar un disco.

El último proyecto desarrollado por consonni fue ideado por el artista Hinrich Sachs. La propuesta consistía en subastar de las tipografías vascas “Euskara”. Por 65.000 euros cualquier particular se podía hacer dueño de un bien cultural de la región. El evento tuvo lugar en el pasado 9 de marzo en el Colegio Oficial de Arquitectos de Bilbao. Todavía están a la venta para aquel que las quiera adquirir. Del acto no surgió un comprador, pero eso no desanimó al artista, ni a la organización. Estos se contentaron con haber desatado el discurso que estaba teniendo lugar en la calle y en los medios de comunicación.

Sobre estas y otras cuestiones, hablé con él.

¿Cómo se define consonni?

consonni se define como una “productora de proyectos artísticos”. En nuestro caso no se puede hablar de un “centro”, dado que generamos los proyectos que realizamos con los artistas desde la oficina y no gestionamos un espacios de exposición. Poco a poco, los proyectos de los artistas nos han llevado a no utilizar la fábrica, porque muchas veces los artistas, más que espacios, necesitan estructuras de producción.

Tengo entendido que ustedes colaboran con la cadena de televisión Canal Bizkaia.

Sí, llevamos varios años trabajando con ellos. No es que tengamos una relación de colaboración infraestructural sino que, en función de los proyectos que llegamos a producir, ha resultado mucho más fácil darles una salida a través de un canal pequeño, local, que tenemos cerca y que puede servir de plataforma de lanzamiento hacia, por ejemplo, canales de televisión de mayor envergadura.

Con ellos habéis producido El Gran Trueque.

Por ejemplo. Antes de El Gran Trueque ya habíamos trabajado juntos en tres o cuatro ocasiones. En aquel entonces considerábamos a la televisión simplemente como un medio de difusión. Difundimos un programa de vídeo-arte, de dos horas de duración. Estas emisiones ni siquiera eran anunciadas como programas de arte. No queríamos que se tratara de un programa típico de Canal Arte, donde el público es consciente de que está viendo “arte”, con lo cual la percepción cambia. Cualquier persona al entrar a un museo sabe que va a ver arte. No es que pierda el sentido crítico, pero da la impresión de que cierta parte del cerebro se activa y otra se desactiva, por lo que los objetos son captados con otros ojos. Surge una cierta impunidad para lo que se ve. En la televisión precisamente no queríamos inscribirnos en el flujo de imágenes habituales. No queríamos crear un museo dentro de la televisión, transmitir una advertencia que dijese: “Cuidado. Lo que estabas viendo antes era televisión, ahora esto es arte”.

¿Cuál fue su experiencia después de emitirse los primeros programas?

La primera experiencia nos llevó a cambiar de actitud. Intuimos de antemano, y comprobamos, que la gente que veía el programa constituía un público más bien cercano al mundo del arte. Aquellos que casualmente enlazaban con el programa, y no sabían de qué iba la cosa, pensaron que aquello era muy raro y pocas veces volvieron a incorporarse. A la tercera emisión, el personal de Canal Bizkaia empezó a sentirse de alguna manera obligado a anunciar que el programa que estaban emitiendo era de arte. A partir de allí empezamos a pensar que, en lugar de utilizar la televisión como medio de difusión, sería más interesante asociarlo al proceso de creación del artista.

La segunda experiencia tuvo lugar con Sergio Prego. Con él desarrollamos un vídeo que se titulaba Tetsuo (bound to fail). El corto mostraba un personaje, el propio artista, que por medio de elaboradas técnicas de cine de animación, volaba por encima de las zonas industriales de Bilbao. Era una especie de retrato de la ciudad. Fue creado en una producción conjunta con el Canal Bizkaia y Arteleku, con la intención expresa de ser emitido por televisión. Aparte de poder visionarse desde el hogar, el vídeo también podía ser visto desde la calle. Cerramos un acuerdo con las tiendas que venden televisores para que sintonizaran los aparatos que tenían expuestos en el escaparate con la cadena local y que los dejaran encendidos por la noche. Así, los transeúntes podían seguir el programa en directo. La obra se mostraba antes del cierre de la programación, sobre la una o las dos de la mañana. El horario fue decisión del artista.

La tercera etapa corresponde a El Gran Trueque. Para este proyecto no sólo se pensó en la televisión como medio de difusión, ni siquiera como un elemento asociado al proceso de creación, sino que se trabajó en el lenguaje propio del medio, que tiene como elemento paradigmático los concursos.

Las bases del juego fueron creadas por Matthieu Laurette. En su trayectoria, este artista ha estado muy interesado en los contextos mediáticos y económicos. En cualquier situación que se le presenta, siempre encuentra la forma de vincular su propuesta a estos dos elementos.

El público podía optar a llevarse el “objeto de la semana” llamando al programa y ofreciendo un objeto a cambio. Ganaba la mejor puja y el objeto de trueque se convertía en el objetivo de la semana siguiente.

Empezamos El Gran Trueque con un coche. En esta ocasión, el ganador había ofrecido un ordenador. En el siguiente programa, otra persona se llevó el ordenador por un televisor. Después de la tele vino una nevera, una licuadora, un traje de Superman; hasta que el concurso acabó con un juego de vasos de cristal azul, que había costado 195 pesetas.

Entre cada elemento de la cadena existe una relación lógica y equivalente. Se supone que por nuestra decisión, un coche es intercambiable por un ordenador, etcétera, etcétera. Finalmente se acaba creando una ecuación bastante absurda, que es que un automóvil vale 195 pesetas.

¿Crees que si se hubiese dado a conocer desde un principio que El Gran Trueque era la obra de un artista, se hubiese percibido de otra manera?

Eso sería un poco grave, ¿no? Si necesitas entrar en un museo para tener una visión crítica, entonces el razonamiento es: “Ah, es arte. Tengo que despertar mi sentido crítico...”. Hay que pensar ante cualquier cosa. Es importante generar la reflexión.

Yo sí creo que El Gran Trueque generaba reflexión. El programa llevaba a considerar y a apuntar que la manera en la que se establece el valor de las cosas en nuestra sociedad es muy relativo. Nosotros generamos un espectáculo basado en la pérdida cuando siempre los medios de comunicación generan espectáculo a partir de la ganancia. Simplemente cambiando las reglas del juego, suscitábamos la duda.

Un elemento que entró en crisis, pero no debido a nuestro proyecto, sino a que la sociedad en general rehuye a hablar sobre ello, es el tema del trabajo. Hasta ahora, el trabajo ha constituido un valor de referencia para la constitución del valor de los objetos. ¿Hoy en día, qué economía se basa en la importancia del trabajo como punto de referencia? Pues no será la nueva economía precisamente. No me interesa plantear un juicio moral, es un hecho: no se aprecia el trabajo, sino la especulación.

Me acuerdo de un señor que estaba bastante escandalizado porque él para comprarse un coche debía ahorrar. Eso implica el esfuerzo de trabajar todos los días, dejar dinero de lado, para poder comprarse el vehículo al cabo de varios meses.

Entendía que uno pudiese ganar un coche en un concurso porque conteste bien a la pregunta o porque este designado por sorteo. Es la ley del mérito o de la suerte. Pero de repente se le ofrecía la oportunidad de conseguir un coche por un precio ridículo, “un duro a cuatro pesetas”. Podía proponer cualquier cosa más barata para participar en el trueque, e igual llevarse el coche. Esto le resultaba perturbador. Tan perturbador como ir al banco y cambiar pesetas por dólares, dólares por francos, francos por otra moneda..., puede llevar a acabar con 0 pesetas, debido a las comisiones que cobra la entidad. Las grandes fortunas no se constituyen a partir de fábricas de tornillos.

¿Habéis pensado en actuar en la red?

Nunca nos hemos planteado crear proyectos considerando el medio que utilizamos como una disciplina, con lo cual no hemos considerado esta opción. Sí tenemos unas páginas-web que, por cierto, están bastante arcaicas y tenemos que cambiar este año. Sin embargo, no nos hemos planteado nunca producir un proyecto para la red. Simplemente no ha surgido.

A decir la verdad, no sabría decir qué tipo de proyecto me interesaría hacer en este espacio. Es difícil, por ejemplo, saber a qué público te diriges. Creo que tendría que tratarse de una propuesta que esté muy ligada al aspecto económico. Lo interesante de la red es que, por medio del servidor con el que el usuario tiene acceso a Internet, se pueden averiguar los gustos y patrones de consumo del individuo. Esto supone una ventaja para las agencias publicitarias, que les permite operar con mayor eficacia. A pesar de llegar a un público menor, éste está predispuesto a tener un mayor interés en el producto que se ofrece. Pensar en un proyecto que toque este punto me interesa.

¿Qué proyección tiene consonni en la ciudad de Bilbao?

consonni apenas tiene visibilidad. Porque, vale, a veces hacemos alguna aparición en televisión, pero incluso la gente que lo ve no se entera de que nosotros estamos detrás. Es muy difícil seguirnos la pista, en la medida que podemos crear un programa para Canal Bizkaia y dos meses después organizamos una subasta de tipografías vascas en el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco Navarro. En estos momentos estamos preparando otra serie de televisión, pero también vamos a sacar un disco. Al no operar en un lugar fijo, no se nos reconoce con tanta facilidad.

¿Se podría decir que ustedes operan underground, por definirlo así?

Se podría decir. Pero sin la connotación setentera. No somos nada marginales. Nos interesa ser muy profesionales. No actuamos en el anonimato, pero en formatos en los que sorprende encontrar propuestas de arte.

Me acuerdo que un artista me comentó que la gente del mundo del arte no había visto El Gran Trueque. Le contesté que diariamente 30.000 personas veían el programa, un grado de audiencia normal para la cadena, pero para un proyecto de arte son muchas personas. Obviamente sé que en cierta medida esa información no llega a toda la gente del arte, no porque no lo comuniquemos, sino porque no están dispuestos a verlo en tal contexto, cosa que me parece muy fuerte. Y a veces dicen: “¿Qué es esto? ¿Qué están haciendo? ¿Un programa de televisión? Pero, ¿dónde está el aspecto crítico?” Si ellos no lo ven, puede que la gente ajena al medio no lo vea. Por otro lado, hay miles de personas que lo habrán visto y que se habrán puesto a pensar.

¿Reciben ayuda económica del Estado?

Esencialmente recibimos ayuda del Gobierno vasco. El Gobierno español no nos ha concedido ningún apoyo, a pesar de solicitarlo todos los años. Aparte, recibimos una ayuda del Gobierno francés, de Arteleku, la VEGAP y de la Diputación de Bizkaia.

Cuando Norman Rosethal estuvo aquí para la última edición de ARCO, declaró en El País que en España, a nivel artístico, la política impera sobre la calidad. ¿Comparte esta opinión?

Me resulta difícil hablar sobre España en general. Sólo puedo hablar sobre el País Vasco. Se puede tener la sensación de que existe una dificultad para asumir criterios de calidad. No es complicado conseguir una ayuda económica, pero es difícil que esta ayuda esté totalmente asumida.

Falta el respaldo mediático. Que el Gobierno diga abiertamente: “Otorgamos ayudas a aquellas entidades, por estas razones”. Considero que esto sería muy importante, en el sentido de que determinaría una política cultural clara y transparente. Si el dinero tiene que estar bien repartido, también se deben establecer criterios de calidad.

Los problemas que existen en nuestro entorno son políticos y tienen como consecuencia que se aspire a una democracia más consolidada. No estoy seguro de que la democracia se deba contemplar como un objetivo, sino como un medio y  pues se debe aceptar no contentar a todo el mundo. Si para cualquier decisión hay que contar con la representación y el consenso de todos, la política imperará sobre la calidad.

¿Crees que en España se podría dar el cambio que se produjo en Inglaterra después de la exposición Frieze?

Desde Bilbao se habla de lo que ha sucedido en Glasgow. Una ciudad industrial en la que a finales de los años 90 surgió una nueva generación de artistas, bajo el impulso de Charles Esche, Douglas Gordon, Liam Gillick... Se está especulando sobre una situación parecida y espero que consonni pueda jugar un papel como transmission gallery

 

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