PADDING-OFF: De los cuerpos opacos
(Salvador Cidrás en el C.G.A.C.)
Xosé Lois Gutiérrez
C.G.A.C. Santiago Compostela.
Octubre-enero del 2002.

 

What is missing from this cozy scene?
RADIOHEAD Amnesiac

En la medida de una redefinición de nuestro imaginario contemporáneo, podríamos confirmar –hoy más que nunca- la colisión directa y explosiva de, a la manera de Serres, más que la manida confrontación de lo real y su representación, la incerteza racional de indiferenciar los límites de estas categorías. Acaso ahora se hayan multiplicado, redimensionado implosivamente una infinitud de n-dimensiones espacio-temporales, que aún estableciendo estructuras cada vez más ínfimas y perecederas, no dejan de perder una eficacia que nos invita a repensar, cuando menos, esa torpe insistencia en prolongar una inhábil desaparición del sujeto de conocimiento. Estos plectpoi (pace Luis Castro), lejos de mostrar la apariencia lisa de una consistencia ensismismada, autoconvencida/construída, prolongan la evidencia de una realidad tomada más como habitus operativo que como sobredeterminación retribuída desde nuestro deseos, aspiraciones o proyectos; más como subespecie de lo real que como garantía de estabilidad representacional. Realmente, extraviados en la descomunal potencia ontológica de la conciencia del propio espacio/tiempo, nuestra experiencia de lo imaginario ya no consiste en una espacialidad alucinada y obsesiva en torno a un lichtung temporal e irreductible, sino en su poder de producción de diferencias que se legitiman infinitamente sobre la base de una desfuncionalización progresiva y fractal en el seno de su propia constitución morfológica e incluso formal. Efectivamente, no parece sorprendente insistir en que las imágenes no nos necesiten para existir, sino que ellas mismas se encargan de producir sus propias “curvaturas” con densidad de flujo.

En el seno anatómico de este discurso, la exposición  de Salvador Cidrás (Vigo, 1968) en el C.G.A.C., se evidencia como otro ejercicio de despliegue de las topologías de nuestro imaginario dentro de una tendencia que viene aportando soportes y representaciones más preocupados por la resolución formal y por salvaguardar unas estructuras estéticas no-narrativas (Vicente Blanco, Carlos Nieto o Alberto Barreiro) que por elaborar maquinarias de desestabilización entorno a esos lugares donde establecemos nuestros regímenes escópicos, pretrensión última de la mayoría de estos trabajos. Cidrás decide imponerse sobre la delicada articulación de espacios como productos analógicos en un cruce quiásmico entre sociedad y cultura, arquitectura y high design, transparencia e influencia. Aparentemente, la muestra no es más que la conclusión lógica (diacrónica y autoevidente) de aquellos trabajos que fueron surgiendo en su estancia californiana, en especial aquellos surgidos en el marco de la Fundación Schindler (Piense lo que quiera pensar o Armario con ruedas para solteros), así como del proyecto 3D-Heart en Helsinki. Lejos de aquellos trabajos más autosuficientes, (Apartamentos,1999), el supuesto intento de derribo de “espacios normativos” o la exposición de ”objetos identificados en un contexto alterado” se constituyen como vagos acontecimientos de un mero intercambio para-asintóctico de ciertas categorías (interior/exterior, público/privado, realidad/representación) que en lugar de ser exploradas en toda su dimensionalidad, quedan postuladas dentro de unas prácticas materiales (aquellas que refundan el poder del trazo, de la línea, del “bourrer”, que exploran la capacidad semiótica de la literalidad de los grafismos convencionales), de unos juegos discursivos (publicidad, arte, ilustración...) y de un código visual  bastante condicionado por inevitables acercamientos con artistas como Elmgreen & Daugset o Txomin Badiola. Toda la muestra, -salvo la serie TLOT: preciso retazo metonímico de los psicotopoi arquitectónicos contemporáneos-, viene girando entorno a una éstética del depénse -efecto de choque o recompensa- o como precisó el propio Bataille como ”herramienta de integración al medio”, una modalidad específica dentro de la influencia de  la oposición entre naturaleza y cultura. Este tiempo muerto, remediado en toda su capacidad metafórica, no sólo concede una (im)posible detención de una presión onto-cronológica contínua –la de la propia obsolescencia-, sino como insinuó J.A. González Sanz,  invita a pensar que “se pudiera hacer algo de veras”, es decir, conseguir un espacio/tiempo en-si, normalizado y domesticado desde el centro mismo de una ilusión de la diferencia. Este planteamiento, no por efímero menos eficaz, viene a sugerir un espacio de “grado cero” virtual, des-ideológico, fenomenológicamente integrado, que interioriza la exterioridad: una escena confortable (no autocomplaciente, sino líquidamente nihilista) desde donde se ve el mundo. Cabe preguntarse entonces, qué hay tras estas imágenes, qué queda por recoger si el éxito de la representación es precisamente su muerte dialéctica sobre lo real, donde el poder de esa fuerza ilocucionaria del propio lenguaje sugiere precisamente otra descarnada postulación en la constitución de nuestro propio imaginario: la de escrutar la identidad de los cuerpos opacos.

(La exposición de Salvador Cidrás en el C.G.A.C. permanecerá abierta hasta el próximo mes de enero del 2002. Posteriormente, se trasladará al Espacio1 del M.N.A.C.R.S. en Madrid)

 

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