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Que
hayamos decidido ir a ver las exposiciones ARMONÍA DE CONTRARIOS y EL
DISEÑO DE LO HÍBRIDO, de los hermanos Iván y Yoan Capote, fue cosa de
Jorge Fernández, que nos informó, cual una azafata de congresos, los pormenores
de cada una de las exposiciones que sin falta deberíamos ver, y ante la
imposibilidad de acompañarnos, nos ofreció sin reparo su coche. ¡Déjalos
en Línea y G, frente a la Galería Habana!, dijo resuelto, refiriéndose
a su chofer oficial, quien primero asintió, y luego, como siempre ocurre
en esa relación entre el jefe y su subordinado, le informó de su posible
recorrido y lugar exacto donde estaría para su posterior localización.
Minutos antes, ávido -y la avidez en el cubano, lejos de ser un trastorno
comunicativo, es una posesión mágica del don de ofrecerse con palabras
al otro-, y capaz, cual un maestro cuya defensa de sus discípulos más
que pasional es un viso flagrante de amistad leal y de franqueza, Jorge
nos había leído y comentado, entre llamadas de telefónicas, portazos y
el ofrecimiento de una taza de café, algunos de sus textos referidos a
sus intervenciones en varias de las tesis de grado defendidas por los
alumnos de la promoción saliente, y sobre el trabajo investigativo y pedagógico
de profesores como Lázaro Saavedra, tutor e impulsor de la experiencia-proyecto
ENEM@, y de Rene Francisco, con el proyecto Galería DUPP (desde una
pragmática pedagógica), del que han formado parte Iván y Yoan Capote.
Ha ganado el UNESCO Prize for the Promotion of the Arts, comentó
alguna vez entre líneas, ¿Quién, y con qué?, El grupo Galería DUPP, con
un proyecto de intervención pública titulado "1,2,3, Probando",
¿Uno, dos, tres, probando, como dicen los técnicos de audio, para comprobar
la calidad del sonido?, Sí, sí, algo tan sugerente como "1, 2,
3, probando" y la instalación de casi trescientos micrófonos
-eso sí, fundidos en hierro-, en el castillo del Morro de La Habana, argumentaba
en el instante en que la señora encargada de traernos el café, penetró
forzosamente en la oficina, antes, empujando la puerta con un suave golpe
de hombro, y luego, calzándola con uno de sus pies, puesto que en ambas
manos sostenía la pequeña bandeja en la que se centraban las tres tazas
de café: toda una muestra, claro está que nada engolada, del desconocimiento
de los menesteres y usos del grato oficio de una simple camarera. Aquí
está, dijo sonriente y tras un visible guiño dirigido a Jorge. Trescientos
son muchos, y peligroso, ¿no lo crees?, dije irónicamente, El número es
lo de menos... sólo medían unos ochenta y tantos centímetros de alto y
estaban bien anclados, No es a ese peligro al que me refiero, comenté
entre risas, sino a que ante trescientos micrófonos son muchas las gentes
que pueden hablar... digo, decir lo que se siente, discursar con el ímpetu
con que sólo unos pocos pueden hacerlo. ¡Déjalos en Línea y G, frente
a la Galería Habana!, había dicho a su joven chofer -después de dos largas
horas de intensa conversación, y antes del definitivo ¡No los demoro
más!, dirigido a nosotros-, cuando, como por arte de magia, otra persona,
una mujer más bien joven, lo intercepto e hizo desaparecer tras una de
las innumerables puertas habidas en el largo pasillo repleto de oficinas.
Tal como en cualquier otro entorno sociocultural,
el artista cubano también es arrastrado por las tónicas colectivas de
su época, y de igual manera, amen de los pequeños matices, al propio tiempo
pugna por subsistir, por sobreponerse a sus imperativos, como tal. La
construcción resolutiva de un discurso constituye para él, como lo es
para el creyente, algo así como la salvación del alma; por tanto, la salvación
(aportación contributiva) de la época, del inmediato trascendente,
que siempre crece anómalo, obstinado y veloz. El discurso, -entonces entendido
como una estructura enunciativa y diferenciadora, que sobrepasa cualitativa
y moralmente la idea de consecuencia-, y la época, planteada
como situación de imperativos utópicos redefinidos, no conforman el devenir
unitario que se cree. Más que complemento, sentido recíprocamente dialéctico,
o sustentador -por negación o por afinidad utópica-, el primero, ejerce
como una neoproyección, como una entidad arquitectónicamente diferente
que ya no discurre como negación, por cuanto antes, prefigurada como pugna,
en sí misma lo fue. De ahí, que todo discurso o arquitectura enunciativamente
resuelta, sea de por sí, una superación definitiva de la segunda,
de la época, de sus imperativos y tónicas. De ellos deducimos entonces
que las prácticas y discurso artísticos concebidos en los 90, generacionalmente
no responden como tal -pues ya hubo una generación consecuencia
y consecuente (la de los setenta-ochenta)-, a los postulados y
expectativas sociopolíticas que fundamentan la idea de revolución. Quiere
esto decir, que el proyecto generacional desarrollado en los años ochenta
y sus prácticas discursivas, fueron, por tanto, las verdaderas respuestas
reflejos del ideario y proyecto político de la revolución: no es, así
mismo, descabellado conceptuar a aquella generación como "la de
la acción cruzada", la políticamente correcta, pues lo que -generalmente
para la crítica-, fue entendido como práctica artística, era en verdad,
una actitud política: Así, para el artista de los ochenta, lo que fungía
como prácticas enunciativas artísticas, era, al contrario de lo que suponían,
el redescubrimiento (entonces herencia práctica) de un talante de índole
visiblemente revolucionaria y política.
Unos treinta minutos, atravesando de lado
a lado la 5tª Avenida (hoy más 5tª Avenida que nunca), luego la calzada
de Línea (hoy menos cuidada que antaño), un fuerte olor a petróleo mal
quemado, adelantamientos incorrectos por la derecha, y el calor del final
de la mañana habanera, fue todo lo necesario para hacer el trayecto hasta
la Galería Habana, en cuya entrada permanecían dos jóvenes, al parecer
en espera de alguien. Nada raro, pues el cubano siempre está en espera
de que algo suceda o de que alguien, como tal, aparezca: hacer la media
(una media) es una constante. Lo pertinente ante un cruzamiento
obligado era extender un saludo, y así fue, mientras nos adentrándonos
en la galería y en un sudmundo de objetos y artefactos, sorprendente y
atípico, compartido por los proyectos ARMONÍA DE CONTRARIOS, de Iván
Capote, yEL DISEÑO DE LO HÍBRIDO, de su hermano Yoan, también, de apellido
Capote, quienes al final resultaron ser esa pareja de jóvenes, que a la
entrada de la galería al parecer -haciendo una media-, esperaban a alguien.
DeARMONÍA
DE CONTRARIOS yEL DISEÑO DE LO HÍBRIDO, quizá lo que más sorprende son
los visos de discurso unitario y negación superada, que de conjunto proyectan,
a fin de que la totalidad no sea reducida a la simple visualización de
objetos comunes o maquinales, correspondientes -por obligatoriedad- a
un entorno de reducciones. "Nada -dice Iván, en la nota de
presentación-, permanece puro frente a la ósmosis a la que nos expone
la sociedad contemporánea, con sus fenómenos culturales, económicos y
políticos. Las diferencias, y su entendimiento, se hace posible a partir
de la creación y observación de un término: los límites, [...]".
Y como expresa, es a base de esa difícil concreción de lo limitativo,
de esa acción divisoria y simbolización de los contrarios, como ha podido
llevar a buen término, piezas como "Móvil perpetuo",
un ensayo fotográfico, cuyo enunciado funge de crítica al trabajo y al
sentido de la productividad como una relación de intercambio, en la que
desde la acción de limar una moneda, y el recogimiento del sudor derramado
en la acción, consigue la concentración de dos residuos, entonces opuestos:
por un lado, las partículas residuo de la moneda (concepción de
un sólido), y por otro, toda la sudoración emanada de su cuerpo (conceptualización
de lo líquido) en el acto de limar. El trabajo de Iván trata sobre lo
cíclico abordado desde una doble articulación de lo maquinal (doble-pinza,
diría Deleuze, refiriéndose a un contenido y una expresión)[1]
, de la máquina que establece la relación de esos contrarios que al
mismo tiempo simboliza. Mientras la máquina despliega su ser (uno y
otro contrario), produce una distinción real, isomórfica, aprehensible
por tanto, como un redescubrimiento de lo que entonces ha sido un descubrimiento
colectivo. Los límites y lo cíclico, unas veces figurado
como documentación performática, y otra, desde la maquinización de lo
que como acción, en principio, no es constante, llega entonces a adquirir
una dimensión de territorialización propia, de agenciamiento de los estratos
heredados, como en "Móvil perpetuo" -obra que ironiza
sobre un universal: el trabajo como forma, sin más, de obtención del dinero.
Un hacer concreto y, sin embargo, ante un compromiso de obligatoriedad,
repetitivo, constante-, o "Armonía de contrarios",
que los decide como un comportamiento simple.
La
contraparte de ARMONÍA DE CONTRARIOS, al margen de la sugerencia, distensión
poética de su titulo, y el marcado interés por un trasfondo simbólico,
es EL DISEÑO DE LO HÍBRIDO, de Yoan Capote; un proyecto en el que el valor
de su contribución pende del funcionamiento del objeto en relación con
el cuerpo del espectador, de una cierta interactividad entre el objeto
funcional y quien lo presencia. Cada construcción, aunque quizá no de
manera explicita, plantea una intención intermediadora, performática,
inducida al espectador; de manera que cuando alguien se sienta sobre la
pieza, (sin querer o queriendo) extiende, en cuanto modificación de su
significado, su estado de apariencia solamente objetual, hasta el nivel
de una experiencia simbólica, como una reestructuración de la relación
sujeto-objeto, espectador y obra, devenida en hibridez. En este proyecto
expositivo, tal vez sugerente premura de una tesis, las obras filtran
-cosa propia de una condición circunstancial, de un pre-discurso, de un
discurso, diríamos, que por ser - como cuerpos al margen, un doble referente:
por un lado, los usos de una tradición histórica representacional y objetualista;
y por otro, "un uso alegórico de los lenguajes"2-tal
como expresaría J. L. Brea-, la inducción duchampiana de hacer participe
al receptor en la articulación posterior de la significancia de la obra:
representación, nulidad y alegoria, constituyen por tanto y debería reconocerse
como tal, esa hibridez puesta en juego por Yoan, y a la que apuntan sus
piezas como objetos performáticos inespecíficos. "EL DISEÑO DE LO
HÍBRIDO" y "ARMONÍA DE CONTRARIOS" prefiguran, más como
hallazgo (casi casual) que como conciencia de época, la peligrosa
entrada -tardía por contrasentido- de los modos y usos cubanos en la dinámica
de la industria cultural y de consumo, que empieza, visible en una irreversibilidad
fulgurante, a modificar el sentido de la experiencia, en una aproximación
desmedida, nada cautelosamente legible, a los dispositivos de los grandes
poderes articuladores sólo de recepción, de por sí, dispositivos reaccionarios
y de estandarización del control. Advertencia o no, "EL DISEÑO DE
LO HÍBRIDO", la hibridez como condición -representación, nulidad,
alegoría- acentúa la desfiguración de un algo cultural que ha devenido,
o está por devenir, a pesar de los resquicios de la gran utopía, en no
ser ni una cosa, y claro está, ni la otra.
¿Sabes cómo se pronuncia tu nombre en catalán,
aunque se escribe con "J"?, le preguntamos a Yoan, casi al final
del encuentro. Sí, claro está, como yo lo escribo, con "Y"...
Pero eso no fue cosa mía..., sino de mis padres que decidieron cambiar
la "J" por una "Y", debido a que en la época en que
nací estaba de moda el uso de los nombres de origen ruso, y para que,
al menos en la escritura, tuviera algo que ver con el modismo la colocaron,
así, sin más. En esos años la "Y" se colocaba -tal cual si hubiera
sido entendida como una cuestión nacional, o política-, lo mismo al principio,
entre letras, que al final. ¡Se ponía donde quiera!, dijo Iván, sonriente.
¡Quizá, se tiraba!, ironizamos.
1 GILLES DELEUZE, FÉLIX GUATTARI. Mil plateaux (apitalisme
y schuizophénie). Les Editions de Minuit, Paris, 1980.
2 JOSÉ LUIS BREA. Nuevas estrategias alegóricas. Editorial
Tecnos, S.A., Madrid, 1991
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