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La intensa actividad y creatividad de una artista como Louise Bourgeois desde hace quince años, en los que ha creado sus obras de mayor monumentalidad, supone creo una fuente de inspiración profunda para entender este tiempo extra. Cuando nos aproximamos a su obra no debemos olvidar que el tiempo vital actual de Louise Bourgeois es el de una madurez avanzada. Y que por tanto, su percepción del mundo y de sí misma, aunque marcada por un fuerte y sorprendente vitalismo, inevitablemente conlleva la certeza de la muerte, la presencia de la inmediatez de ese corte suspendido.
La exposición que se presenta en la Galería Soledad Lorenzo resulta espléndida y sobrecogedora. Y me atrevería a decir que también exuberante en su capacidad para situarnos en ese espacio diferido del tiempo extra. Tiempo incluso como archiescritura -utilizando una expresión derridiana- diferida. Esa experiencia del tiempo se expresa a partir de una serie de cabezas. Cabezas representadas en material blando -de distintos tipos de tejidos- sobre pedestales de acero, y encerradas en urnas. Formas que inevitablemente nos hablan de nuestros cuerpos o identidades como algo construido o reconstruido con el paso del tiempo. Metáforas del hilar la vida y el paso del tiempo. Una cabeza negra fabricada con tela gruesa de suéter, de aspecto rugoso, nos presenta a la muerte, y desde las oquedades de la boca y los ojos parece querer decirnos muchas cosas. Otra cabeza, Regresión (2001), hecha de trozos claros remendados, parece aludir a un pasado desde el cual se ha ido existiendo con los inevitables «arreglos» o «recosidos» que la hacen posible. Los ojos cerrados y la boca sobredimensionada resaltan la fuerza del grito de dolor que parece surgir de lo más profundo de la figura y del tiempo. Otra cabeza, roja, encerrada en una reja metálica -la pieza titulada Cell X (Portrait) (2000), nos saca la lengua burlándose en este escenario que se va construyendo de todo el dramatismo de la experiencia de vida y de la experiencia de muerte. Distanciamiento irónico desde ese tiempo extra.
De esta forma en esta exposición podemos disfrutar de la placidez del niño azul sobre el cuerpo de su madre remendado y sin cabeza en la pieza Mother and Child (2001). Plenitud de una experiencia, lugar ideal del niño y del cuerpo de la madre, cuya calma pocas veces más experimentará. Y también podemos contemplar el heroísmo maternal en otra pieza, Mother and Child (2001) en la que una figura de mujer apoyada en una muleta junto a un nino/niña situado del lado de la pierna sana, encerrados además en una urna de cristal. Hay una pieza -Arched Figura (1999)- que convulsiona el tiempo de la experiencia. Una figura arqueada de telas color rosa, suspendida en el interior de una vitrina, cuyo rostro de profunda boca se refleja en un espejo. Recuperación de la experiencia del Arch of Hysteria (1992/1993), en la que un tiempo ficticio de máximo placer y también máximo dolor es percibido como un tiempo de la memoria.
Finalmente, no podemos dejar de mencionar sus dibujos. En ellos el cuerpo-mujer de la experiencia es uno de los temas principales -maternidades, rostros de mujeres, sangre y pérdida, recuerdos de la infancia. Y tampoco una última pieza en la que unos formas redondeadas de tela roja que aluden a formas femeninas cuelgan de unas varillas encerradas también en una urna. Tal vez recuerdos de ese cuerpo vivido cuyos restos aún sienten el dolor. Este tiempo extra que nos ofrece Louise Bourgeois a través de estas piezas, creo que nos ilumina en dos rasgos importantes respecto a su obra. Uno nos hablaría de que su trabajo creativo se configura muy próximo al marco teórico propuesto por Freud respecto a la construcción de la identidad. No importa que ella rechazara a Freud, pero su dolor vital se inscribe y sobre todo quiere conjurar esa construcción del sujeto sexuado interpretada por Freud como un círculo cerrado y opresivo, del que no hay salida. Exclusivamente en la exorcización del trauma. El otro aspecto insiste en la importancia de este cuerpo-mujer. Tampoco importa que ella reniegue del feminismo como teoría y práctica sentida por ella como una opresión. La experiencia de la que nos habla tiene un fundamento inseparable de las vicisitudes de ese cuerpo-mujer, y de ese cuerpo-mujer que vivió su intensa vida personal. Aislados del exterior, en un tiempo en cierta forma sacro y oscurecido, en un tiempo al margen, Louise Bourgeois nos ofrece la posibilidad de compartir su tiempo extra, su tiempo de conjura y reconciliación. Un tiempo que tal vez a nosotros no nos pertenece.
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